viernes, 1 de abril de 2011

Lunes, 11 de abril de 2011

“CON LA LUZ DE CRISTO SE CAMINA MEJOR”


PRIMERA LECTURA


DANIEL 13,1-9.15-17.19-30.33-62


¡AHORA TENGO QUE MORIR SIENDO INOCENTE!”

Vivía en Babilonia un hombre que se llamaba Joaquín. Estaba casado con una mujer llamada Susana, hija de Hilquías, que era muy bonita y respetuosa del Señor. Sus padres eran rectos y la habían educado de acuerdo con la ley de Moisés. Joaquín era muy rico, y junto a su casa tenía un jardín con árboles. Y como era el hombre más importante de todos, los judíos tenían la costumbre de reunirse en su casa. Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos del pueblo. Pero eran de aquellos de quienes dijo el Señor: "La maldad apareció en Babilonia por obra de ancianos y jueces que solo en apariencia guiaban al pueblo." Estos hombres iban con frecuencia a la casa de Joaquín, y todos los que tenían algún pleito acudían a ellos. A mediodía, cuando la gente se iba, Susana acostumbraba salir a pasear al jardín de su esposo. Los dos ancianos, que todos los días la veían salir a pasear, se llenaron de pasión por ella y tuvieron pensamientos perversos; no volvieron a tener en cuenta a Dios ni se acordaron de lo que es la rectitud. En cierta ocasión, mientras esperaban el día oportuno, Susana fue al jardín como de costumbre, acompañada solamente de dos muchachas. Y tuvo deseos de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor. Fuera de los dos ancianos, que estaban escondidos espiándola, nadie más había allí. Susana les dijo a las muchachas: "Tráiganme aceite y perfumes, y cierren las puertas del jardín, porque voy a bañarme." Apenas se fueron las muchachas, salieron corriendo los dos viejos hacia ella y le dijeron: --Mira, las puertas del jardín están cerradas; nadie nos ve. Estamos llenos de pasión por ti; acepta y entrégate a nosotros. De lo contrario, te acusaremos de que un joven estaba contigo, y que por eso mandaste salir a las muchachas. Susana se echó a llorar y dijo: --¡No tengo salida! Si hago lo que ustedes me proponen, seré condenada a muerte, y si me resisto, no podré escapar de sus manos. Pero prefiero resistirme y caer en sus manos, antes que pecar contra el Señor. Entonces Susana gritó con todas sus fuerzas, y también los dos viejos gritaron. Uno de los dos corrió y abrió las puertas del jardín. Al oí que gritaban en el jardín, la gente de la casa vino corriendo por la puerta lateral para ver qué sucedía. Y cuando los viejos contaron su cuento, la gente del servicio se llenó de vergüenza, porque nunca habían oído decir cosa semejante de Susana. Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en la casa de Joaquín, el esposo de Susana, vinieron los dos viejos con el malvado plan de hacer que la mataran. Y dijeron delante del pueblo: "Manden traer a Susana, la hija de Hilquías y esposa de Joaquín." Y la hicieron venir. Ella se presentó acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes. Pero todos los de su familia, y sus amigos, y todos los que la veían, lloraban. Entonces los dos viejos, de pie en medio de la gente, pusieron las manos sobre la cabeza de Susana. Ella, llorando, levantó los ojos hacia el cielo, porque en su corazón confiaba en el Señor. Los viejos dijeron: "Mientras estábamos solos, paseando por el jardín, llegó esta mujer con dos muchachas, hizo cerrar las puertas del jardín y despidió a las muchachas. Inmediatamente se acercó un joven que había estado escondido, y ella se le entregó. Nosotros estábamos en un rincón del jardín, y cuando vimos esta maldad fuimos corriendo adonde ellos estaban. Los vimos abrazados, pero no pudimos agarrar al joven, porque era más fuerte que nosotros y abrió las puertas y se escapó. Entonces la agarramos a ella y le preguntamos quién era ese joven, pero no nos lo quiso decir. Esto lo declaramos como testigos." El pueblo que estaba reunido les creyó, pues eran ancianos del pueblo y además jueces. Así que la condenaron a muerte. Intervención de Daniel Entonces Susana gritó con todas sus fuerzas: "¡Dios eterno, que conoces las cosas ocultas, que sabes todo antes de que suceda, tú sabes que estos hombres han declarado falsamente contra mí! ¡Mira que voy a morir, a pesar de no haber hecho ninguna de las cosas que han inventado contra mí estos malvados!" El Señor escuchó los gritos de Susana. Y mientras la llevaban para matarla, Dios despertó el espíritu santo en un joven que se llamaba Daniel, el cual gritó con todas sus fuerzas: --¡Yo no me hago responsable de la muerte de esta mujer! Todos se volvieron hacia él, y le preguntaron: --¿Qué significa eso que acabas de decir? Él se puso en medio de ellos y les dijo: --¿Son ustedes tan tontos, israelitas, que condenan a una mujer de nuestro pueblo sin averiguar ni examinar bien el asunto? Vuelvan al juzgado, porque lo que estos hombres han declarado contra ella es mentira. Entonces todo el pueblo volvió rápidamente. Y los otros ancianos le dijeron a Daniel: --Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, pues Dios te ha dado el mismo derecho que a los ancianos. Daniel les dijo: --Separen a buena distancia a los dos viejos, y yo les haré un interrogatorio. Y los separaron. Entonces mandó llamar a uno y le dijo: --Viejo en años y en maldad, ahora van a recaer sobre ti los pecados que cometiste en otro tiempo, cuando dictabas sentencias injustas condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: 'No condenes a muerte al hombre inocente y sin culpa.' Bueno, si de veras la viste pecar, dinos debajo de qué árbol los viste juntos. Él respondió: --Debajo de un castaño. Y Daniel dijo: --¡Muy bien! Dijiste una mentira que va a ser tu perdición. ¿Conque debajo de un ¿castaño? ¡Pues el ángel de Dios ya recibió de él la orden de castigarte partiéndote en dos! Entonces mandó que se llevaran a este y trajeran al otro viejo. Y le dijo: --¡Hombre de la raza de Canaán, y no de Judá; la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón! Así es como estaban ustedes haciendo con las mujeres de Israel, y ellas, por miedo, se les entregaban. Pero esta mujer de la tribu de Judá no quiso consentir en la maldad de ustedes. Ahora dime, ¿debajo de qué árbol los sorprendiste juntos? --Debajo de una encina--respondió él. Y Daniel dijo: --¡Muy bien! Tú también dijiste una mentira que va a ser tu perdición. ¿Conque debajo de una encina? ¡Pues el ángel de Dios está esperando, con la espada lista, para dejártela caer encima y rajarte por la mitad! ¡Así va a matarlos a los dos! Entonces todo el pueblo reunido levantó el grito y bendijo a Dios, que salva a los que confían en él. Y como Daniel hizo que los dos viejos mostraran por su propia boca que habían declarado falsamente, todos se volvieron contra ellos y les aplicaron el mismo castigo que ellos, en su maldad, pensaban aplicar a Susana: de acuerdo con la ley de Moisés, los mataron. Y así aquel día se salvó la vida de una persona inocente. REFLEXIÓN: La primera lectura de hoy termina con una hermosa constatación: "aquel día se salvó una vida inocente". Por esta vez, a lo menos, la perversidad no triunfó, y la maldad del malvado recayó sobre su propia cabeza. Dios intervino a través del profeta Daniel para hacer posible que se salvara esa vida. Lo primero, pues, que podemos aprender de esta escena es que ser inocente no siempre implica ser víctima. Ser inocente y buscar la inocencia es en sí mismo una victoria; incluso más: la primera y más radical de las victorias, porque entraña sinceridad, profundidad, durabilidad. De hecho, el que no busca la inocencia jamás se habrá rendido al poder del bien. De otra parte, impresiona el veredicto: el mal cayó sobre el malvado; lo que él quería hacer se lo hicieron. Es algo drástico como remedio pero nos deja ver una verdad muy honda: la primera víctima del mal es el malvado. Y esto es fundamental para entrar en el camino del perdón, del perdón serio. No es posible perdonar al que nos ha hecho daño si no descubrimos en él o ella, antes que un agresor, una víctima, una pobre víctima de un poder que en el fondo lo está usando para su desgracia. Y así resulta que una ley tan dura, como aquello de aplicar al malvado su propia maldad, en realidad nos pone en ruta de compadecernos, entender y perdonar. El Antiguo Testamento lleva al Nuevo.

SALMO RESPONSORIAL: 22

R: / Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.

LECTURA DEL EVANGELIO JUAN 8,1-11

“QUIEN ESTÉ SIN PECADO, QUE LE TIRE LA PRIMERA PIEDRA”


Pero Jesús se dirigió al Monte de los Olivos, y al día siguiente, al amanecer, volvió al templo. La gente se le acercó, y él se sentó y comenzó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer, a la que habían sorprendido cometiendo adulterio. La pusieron en medio de todos los presentes, y dijeron a Jesús: --Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de cometer adulterio. En la ley, Moisés nos ordenó que se matara a pedradas a esta clase de mujeres. ¿Tú qué dices? Ellos preguntaron esto para ponerlo a prueba, y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y comenzó a escribir en la tierra con el dedo. Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo: --Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra. Y volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. Al oír esto, uno tras otro comenzaron a irse, y los primeros en hacerlo fueron los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó: --Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado? Ella le contestó: --Ninguno, Señor. Jesús le dijo: --Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no vuelvas a pecar.


REFLEXIÓN

Los escribas y fariseos traen la mujer adúltera a Jesús, no porque les importe la mujer o la Ley, sino para acusar a Jesús. Quienes acusan no tienen autoridad moral para hacerlo. Si siguieran la Ley, deberían haber prendido también al varón; que eso era lo que ordenaba la Ley. Jesús les dice: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que tire la primera piedra”. El gesto enigmático de Jesús escribiendo en tierra es el símbolo de que Jesús está escribiendo la nueva Ley del amor, la misericordia y el perdón. Es la nueva legislación del Reino. Jesús libera a la mujer de la condena de la Ley y la libera también del pecado. La posición de Jesús, que es la misma de Dios, se define abiertamente por la vida: por encima de cualquier ley está la vida humana. La única manera de salir de la dinámica de la opresión es aceptar como modelo y como salvador a Jesús, quien vino a salvar y no a condenar. Nadie condena a nadie. Tampoco nosotros condenemos a nadie.



ORACIÓN

Oh Dios, ilumínanos con la claridad de tu Espíritu. Haznos dóciles a sus inspiraciones para seguir siempre por el camino del bien. Amén

Martes 12 de abril de 2011

“BUSCAMOS SIEMPRE REALIZAR LA VOLUNTAD DE DIOS”

PRIMERA LECTURA


NÚMEROS 21,4-9


“LOS MORDIDOS DE SERPIENTES QUEDARÁN SANOS AL MIRAR A LA SERPIENTE DE BRONCE”

Los israelitas salieron del monte Hor en dirección al Mar Rojo, dando un rodeo para no pasar por el territorio de Edom. En el camino, la gente perdió la paciencia y empezó a hablar contra Dios y contra Moisés. Decían: ¿Para qué nos sacaron ustedes de Egipto? ¿Para hacernos morir en el desierto? No tenemos ni agua ni comida. ¡Ya estamos cansados de esta comida miserable! El Señor les envió serpientes venenosas, que los mordieron, y muchos israelitas murieron. Entonces fueron a donde estaba Moisés y le dijeron: Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti! ¡Pídele al Señor que aleje de nosotros las serpientes! Moisés pidió al Señor que perdonara a los israelitas, y el Señor le dijo: Hazte una serpiente como esas, y ponla en el asta de una bandera. Cuando alguien sea mordido por una serpiente, que mire hacia la serpiente del asta, y se salvará. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en el asta de una bandera, y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y se salvaba.


REFLEXIÓN


Así como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, y los que miraban a la serpiente de bronce quedaban curados, Cristo fue levantado en la cruz, y quienes miran a Cristo quedan curados. ¿Por qué una serpiente de bronce? La serpiente no se deja ver, la serpiente obra como a las escondidas; pero resulta que esta serpiente, cuando la levanta Moisés, es una serpiente vencida. Lo que quiso Dios con Moisés fue mostrar una serpiente vencida, y así los que habían sido mordidos por serpientes que todavía estaban vivas, miraron a la serpiente vencida, y llenos de fe en que Dios podía vencer a la serpiente y eran sanados. La multitud de serpientes que muerden al pueblo y lo van diezmando es como una imagen de lo que hace el pecado en la sociedad; pero Moisés al levantar la serpiente de bronce, denuncia el pecado, lo saca a luz, y así pierde poder. Cristo lleva a plenitud esta obra con su sacrificio en la Cruz. En Cristo crucificado están todos los dolores. Cristo llegó a la cruz porque fue traicionado y herido. Pero todos esos pecados de la humanidad quedaron en Cristo y quedaron ya vencidos. Por eso cuando nosotros miramos hoy a Cristo crucificado es como mirar al pecado, pero un pecado que ya no nos hace daño. Todos nuestros pecados que ya no nos hacen daño porque han sido vencidos por el amor de Dios, en la cruz. Cristo en la cruz ha vencido, ha sanado nuestras dolencias, y por eso el que cree en Él, tiene vida y vida eterna.


SALMO RESPONSORIAL: 101


R: Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti.


LECTURA DEL EVANGELIO


JUAN 8, 21-30


“A DONDE YO VOY, USTEDES NO PUEDEN IR”

Jesús les volvió a decir: --Yo me voy, y ustedes me van a buscar, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden ir. Los judíos dijeron: --¿Acaso estará pensando en matarse, y por eso dice que no podemos ir a donde él va? Jesús les dijo: --Ustedes son de aquí abajo, pero yo soy de arriba; ustedes son de este mundo, pero yo no soy de este mundo. Por eso les dije que morirán en sus pecados; porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados. Entonces le preguntaron: --¿Quién eres tú? Jesús les respondió: --En primer lugar, ¿por qué he de hablar con ustedes? Tengo mucho que decir y que juzgar de ustedes, pero el que me ha enviado dice la verdad, y lo que yo le digo al mundo es lo mismo que le he oído decir a él. Pero ellos no entendieron que les hablaba del Padre. Por eso les dijo: --Cuando ustedes levanten en alto al Hijo del hombre, reconocerán que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; solamente digo lo que el Padre me ha enseñado. Porque el que me ha enviado está conmigo; mi Padre no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que a él le agrada. Cuando Jesús dijo esto, muchos creyeron en él.
REFLEXIÓN:
Cuando los israelitas andaban por el desierto, sufrieron mordeduras de víboras venenosas. Moisés modeló una serpiente de bronce y la puso en un palo a modo de estandarte. Quienes la miraban sanaban de las mordeduras. La injusticia que estaba viviendo el pueblo en tiempos de Jesús era tan mortal como la mordedura de las serpientes del desierto. ¿Cómo curarse de tanta violencia e injusticia? Volviendo los ojos a Jesús, levantado sobre el madero de la cruz. Cuando pecamos, renunciamos a la plenitud de vida que el Padre nos ofrece. El “pecado”, es la traición a nosotros mismos y a nuestra vocación de servir a la causa de la justicia, que nos separa del Padre. Pecado es aceptar voluntariamente un orden injusto que conduce a la muerte. Nos privamos y privamos a otros de libertad; aceptamos la opresión y nos hacemos cómplices de la injusticia. Este camino conduce inevitablemente a la muerte. Jesús acepta luchar contra a la injusticia, entregando su propia vida. Eso es lo que le agrada al Padre y quien ama busca agradar a la persona amada.
ORACIÓN
Señor Jesús, hoy volvemos nuestros ojos hacia ti, a tu sacrificio por nosotros, a tu entrega en la cruz, a tu entrega de amor, queremos dejar nuestro pecado, que es la negación a ti y a tu proyecto, queremos caminar contigo, contigo que eres la vida. Amén.

Miércoles 13 de abril de 2011

“LA FE VERDADERA PUESTA EN EL AMOR DE DIOS NOS FORTALECE EN LA PRUEBA”

PRIMERA LECTURA


DANIEL 3,14-20. 91-92.95


“ENVIÓ UN ÁNGEL A SALVAR A SUS SIERVOS”


En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: "¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?" Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: "Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido." Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: "¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?" Le respondieron: "Así es, majestad." Preguntó: "¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino." Nabucodonosor entonces dijo: "Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo."



REFLEXIÓN

Pocas páginas en la Biblia destilan tanta fe como esta, de la primera lectura.. Qué testimonio el de estos muchachos, capaces de arriesgarlo todo, hasta su propia vida, por su confianza absoluta en Dios. Lo más maravilloso de la fe de ellos es que no depende de una especie de "negociación" con Dios. La frase perfecta es: "nuestro Dios, a quien damos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiente y de tu poder, nos librará. Y aunque no lo hiciera, debes saber, oh rey, que no serviremos a tu dios ni nos postraremos ante la estatua de oro que has mandado fabricar". Es la fe absoluta y plena que es capaz de obrar hasta en perjuicio propio. Una fe madura en hombres que apenas parecían muchachos. La escena culmina en una profesión de fe del mismo que había ideado aquella tortura. Sobrecogido de temor descubre que hay un poder por encima de su poder. Y sucede entonces que cuando las cosas salen al contrario de sus deseos es cuando puede abrirse a reconocer que existe un Dios. La contradicción se volvió enseñanza, y aquella enseñanza le abrió a la fe. Pasa también en nuestras vidas: a veces necesitamos que Dios arruine nuestros planes para que admiremos la sabiduría, bondad y poder de SUS planes. A veces, ser vencidos es la única forma de salir ganando.


SALMO RESPONSORIAL: DANIEL 3

R: A ti gloria y alabanza por los siglos.

LECTURA DEL EVANGELIO

JUAN 8,31-42


SI EL HIJO LES HACE LIBRES, SERÁN LIBRES”


Jesús les dijo a los judíos que habían creído en él: --Si ustedes se mantienen fieles a mi palabra, serán de veras mis discípulos; conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. Ellos le contestaron: --Nosotros somos descendientes de Abraham, y nunca hemos sido esclavos de nadie; ¿cómo dices tú que seremos libres? Jesús les dijo: --Les aseguro que todos los que pecan son esclavos del pecado. Un esclavo no pertenece para siempre a la familia; pero un hijo sí pertenece para siempre a la familia. Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres. Ya sé que ustedes son descendientes de Abraham; pero quieren matarme porque no aceptan mi palabra. Yo hablo de lo que el Padre me ha mostrado; así también ustedes, hagan lo que del Padre han escuchado. Ellos le dijeron: --¡Nuestro padre es Abraham! Pero Jesús les contestó: --Si ustedes fueran de veras hijos de Abraham, harían lo que él hizo. Sin embargo, aunque les he dicho la verdad que Dios me ha enseñado, ustedes quieren matarme. ¡Abraham nunca hizo nada así! Ustedes hacen lo mismo que hace su padre. Ellos le dijeron: --¡Nosotros no somos hijos bastardos; tenemos un solo Padre, que es Dios! Jesús les contestó: --Si de veras Dios fuera su padre, ustedes me amarían, porque yo vengo de Dios y aquí estoy. No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me ha enviado.



REFLEXIÓN:

“No soy dueño del mundo, pero soy hijo del Dueño”. Esta frase tan significativa se la había tatuado en un brazo un joven de condición muy humilde. Decía que le daba seguridad, dignidad y libertad. De eso mismo hablaba Jesús. El mensaje de Jesús produce la libertad que viene sólo de Dios, no de la dependencia a un linaje, ni a una elevada condición social. Para Jesús ser hijo se demuestra por la conducta, no sólo por el nacimiento. Quien en su manera de proceder es embustero y homicida, no tiene por Padre a Dios. Este era el caso de los dirigentes judíos, que bajo pretexto de religión querían matarlo, afirmando que bastaba pertenecer al linaje de Abrahán para ser libres. Su conducta homicida muestra que no procedían de Dios, que eran hijos del Enemigo, el homicida desde el principio. La libertad de Jesús exige no amoldarse a ninguna religión oficial que, aliada con el poder, sea causa de muerte. Él será siempre el aliado de la vida y del respeto a la dignidad humana.


PARA REFLEXIONAR:

1.¿ Nosotros seguimos a Jesús por el camino que nos enseña en el evangelio, de vida, respeto, solidaridad, justicia social?

2. ¿Cedemos fácilmente ante los dioses o ídolos que nos presenta el mundo, buscando primero nuestra comodidad y negándonos al proyecto de Dios?

3..¿Hagamos un balance de nuestra fe, negociamos con Dios, le ponemos condiciones o creemos plenamente en Él?

ORACIÓN

Dios y Padre nuestro te pedimos nos ayudes a ser fieles a ti, a tu proyecto, que prevalezcan tus planes sobre los nuestros, tu visión sobre la nuestra. Fortalécenos Señor en la prueba y que caminemos en verdadera libertad, y nos comportemos verdaderos discípulos tuyos. Amén.

Jueves, 14 de abril de 2011

“EL QUE ES FIEL AL SEÑOR Y SU PROYECTO DE VIDA VIVIRÁ PARA SIEMPRE

PRIMERA LECTURA
GENESIS 17,3-9

“SERÁS PADRE DE MUCHEDUMBRE DE PUEBLOS”

Entonces Abram se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, mientras Dios seguía diciéndole: --Esta es la alianza que hago contigo: Tú serás el padre de muchas naciones, y ya no vas a llamarte Abram. Desde ahora te llamarás Abraham, porque te voy a hacer padre de muchas naciones. Haré que tus descendientes sean muy numerosos; de ti saldrán reyes y naciones. La alianza que hago contigo, y que haré con todos tus descendientes en el futuro, es que yo seré siempre tu Dios y el Dios de ellos. A ti y a ellos les daré toda la tierra de Canaán, donde ahora vives, como su herencia para siempre; y yo seré su Dios. Además, Dios le dijo a Abraham: --Pero tú, cumple con mi alianza tú y todos tus descendientes.

REFLEXIÓN
De la esterilidad vencida viene una fecundidad maravillosa, una muchedumbre de pueblos. Y conmueve pensar que a esa muchedumbre pertenecemos también nosotros, pues ciertamente es la fe de Abraham la que ha hecho posible que un día cada uno de nosotros lleguemos a la fe. La alianza con Abraham tiene tres puntos: una descendencia, una tierra y sobre todo, una relación: "yo seré el Dios de tus descendientes". Aunque ciertamente lo más inmediato y visible es la tierra y la descendencia, es sobre todo ese modo de relación lo que va a resultar más durable y decisivo en la alianza cuyo comienzo presenciamos en esta primera lectura. Nosotros mismos, en una inmensa mayoría, no somos descendencia de Abraham según la carne y la sangre; no venimos de Isaac, en ese sentido. Tampoco vivimos en Palestina. Pero el género nuevo y único de relación de amor y bendición que Dios inauguró con Abraham, y que tiene su plenitud en Cristo,es tambén herencia nuestra.
SALMO RESPONSORIAL: 104
R:/ El Señor se acuerda de su alianza eternamente

LECTURA DEL EVANGELIO

JUAN 8,51-59


Les aseguro que quien hace caso de mi palabra, no morirá. Los judíos le contestaron: --Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham y todos los profetas murieron, y tú dices: 'El que hace caso de mi palabra, no morirá.' ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham? Él murió, y los profetas también murieron. ¿Quién te has creído que eres? Jesús les contestó: --Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no vale nada. Pero el que me glorifica es mi Padre, el mismo que ustedes dicen que es su Dios. Pero ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería yo tan mentiroso como ustedes. Pero ciertamente lo conozco, y hago caso de su palabra. Abraham, el antepasado de ustedes, se alegró porque iba a ver mi día; y lo vio, y se llenó de gozo. Los judíos dijeron a Jesús: --Todavía no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham? Jesús les contestó: --Les aseguro que yo existo desde antes que existiera Abraham. Entonces ellos tomaron piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo.
REFLEXIÓN:


Un hombre fue acusado de robo. Aunque las evidencias estaban en su contra, su hija afirmaba: “Yo conozco a mi padre. Nada ni nadie me convencerá de que sea culpable”. Finalmente se encontró al ladrón y el hombre fue declarado inocente. Su hija conocía realmente a su padre. -- Jesús nos habla hoy de ese conocimiento que nace de una comunión tan profunda que uno se vuelve transparente para el otro. Así se conocen el hombre y la mujer que se aman de verdad. Así conoce Jesús a su Padre y así, profundamente, su Padre le conoce a él. Este conocimiento de comunión lo experimentamos también nosotros al cumplir el mensaje de Jesús que nos hace conocer a Dios como Padre. Quien no tiene la experiencia de ser hijo de Dios vive en la esclavitud, porque lo concibe como Dios de poder. La adhesión a Jesús, por la que recibimos el Espíritu que vence a la muerte, pone el bien de la persona humana por encima de toda ley, institución o religión.


PARA REFLEXIONAR:

1. ¿Qué es Dios para nosotros: amo, juez, policía o padre nuestro, como lo sentía Jesús?


ORACIÓN

Dios de la vida, Señor que saliste victorioso de la muerte, hoy pongo ante Tí cada uno de mis pensamientos y afectos , deseo ser un fiel servidor tuyo, deseo conocerte, amarte y servirte cada día más y mejor, dame la fuerza de tu Espíritu Santo. Amén.

Viernes, 15 de abril de 2011

“HACEMOS LAS OBRAS DE DIOS O LAS NUESTRAS”


PRIMERA LECTURA

JEREMÍAS 20, 10-13


“EL SEÑOR ESTÁ CONMIGO COMO FUERTE SOLDADO”


Puedo oir que la gente cuchichea: "¡Hay terror por todas partes!" Dicen: "¡Vengan, vamos a acusarlo!" Aun mis amigos esperan que yo dé un paso en falso. Dicen: "Quizá se deje engañar; entonces lo venceremos y nos vengaremos de él." Pero tú, Señor, estás conmigo como un guerrero invencible; los que me persiguen caerán, y no podrán vencerme; fracasarán, quedarán avergonzados, cubiertos para siempre de deshonra inolvidable. Señor todopoderoso, tú que examinas con justicia, tú que ves hasta lo más íntimo del hombre, hazme ver cómo castigas a esa gente, pues he puesto mi causa en tus manos. ¡Canten al Señor, alaben al Señor!, pues él salva al afligido del poder de los malvados.


REFLEXIÓN

La vida de Jeremías fue una vida marcada por muchos miedos, especialmente debidos a la incomprensión y dureza de su propio pueblo. Marcado por una soledad dolorosa, que no carecía de significado en el conjunto de su ministerio profético, este hombre admirable vivió con intensidad singular lo que significa "amar a Dios sobre todas las cosas". En su voz, aterrada por las amenazas de sus enemigos, sigue siendo más fuerte el amor a Dios y a su alianza. Tal es la fuerza de la fe. No es un blindaje que nos impide sentir la oposición, la burla, el dolor o la incomprensión. No es una anestesia que nos distrae mientras el mundo nos ataca con su crueldad o nos castiga con su indiferencia. Es una luz sobrenatural que nos permite reconocer detrás de toda bruma el esplendor de un amor que se ha entregado entero por nosotros; es una energía interior que nos mueve más allá de nosotros mismos a una fidelidad que no es otra cosa sino la fidelidad divina obrando adentro de quienes han estado dispuestos a creer.


SALMO RESPONSORIAL: 17

R/ En el peligro invoqué al Señor, y el me escuchó.

LECTURA DEL EVANGELIO

JUAN 10, 31-42



“INTENTARON DETENERLO PERO SE LES ESCABULLÓ DE LAS MANOS”

Los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas, pero Jesús les dijo: --Por el poder de mi Padre he hecho muchas cosas buenas delante de ustedes; ¿por cuál de ellas me van a apedrear? Los judíos le contestaron: --No te vamos a apedrear por ninguna cosa buena que hayas hecho, sino porque tus palabras son una ofensa contra Dios. Tú no eres más que un hombre, pero te estás haciendo Dios a ti mismo. Jesús les dijo: --En la ley de ustedes está escrito: 'Yo dije que ustedes son dioses.' Sabemos que lo que la Escritura dice, no se puede negar; y Dios llamó dioses a aquellas personas a quienes dirigió su mensaje. Y si Dios me consagró a mí y me envió al mundo, ¿cómo pueden ustedes decir que lo he ofendido porque dije que soy Hijo de Dios? Si yo no hago las obras que hace mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean en las obras que hago, para que sepan de una vez por todas que el Padre está en mí y que yo estoy en el Padre. Otra vez quisieron arrestarlo, pero Jesús se les escapó. Regresó Jesús al otro lado del Jordán, y se quedó allí, en el lugar donde Juan había estado antes bautizando. Mucha gente fue a verlo, y decían: --De veras, aunque Juan no hizo ninguna señal milagrosa, todo lo que dijo de este hombre era verdad. Y muchos en aquel lugar creyeron en Jesús.


REFLEXIÓN:

Ante el interrogatorio oficial, Jesús se define a sí mismo como Hijo de Dios consagrado por el Padre por medio del Espíritu para una misión salvadora. Él cumple la misión salvadora de Dios; por eso su actividad es igual a la del Padre. Las manos de Jesús, que sanan, levantan, perdonan, acarician, son las del Padre, cuyo amor comunica vida al ser humano. Jesús no enseña doctrinas sobre Dios, sino que muestra con gestos concretos quién es a través de su acción liberadora. Los dirigentes judíos, respetan a Dios de los labios para afuera, pero en realidad son opresores del pueblo. Hay dos proyectos opuestos: el de la vida y el de la muerte. El proyecto del Dios-amor que produce vida y el de los dirigentes cuya actividad, el odio, produce muerte. Jesús no tiene otro certificado para mostrar que es el Hijo de Dios que sus obras. Al quedarse sin argumentos, los jefes “quisieron arrestarlo, pero Jesús se les escapó de las manos”. Nadie le quitará la vida antes de que él mismo haya decidido libremente entregarla.

PARA REFLEXIONAR:

1. ¿Cómo mostramos nosotros que seguimos a Jesús; la gente percibe que pertenecemos a un proyecto de vida o de muerte?

ORACIÓN

Señor tú, conoces nuestra realidad, nuestros problemas, las situaciones difíciles que nos agobian, tu sabes cuantas veces hemos querido claudicar y desfallecer, nuestras manos y pies se debilitan, cuántas veces hemos querido decir “ya no más”, pero cuando volvemos a mirarte a ti, encontramos que eres nuestro único refugio, eres luz para nuestro camino, queremos seguir confiando en ti, esperando en ti y recobrar nuevas fuerzas contigo. Amén.

Sábado 16 de abril de 2011

“¿QUE SERÁ LO BUENO PARA HACER?”

PRIMERA LECTURA
EZEQUIEL 37,21-28

“LOS HARÉ UN SOLO PUEBLO”

Luego diles: 'Esto dice el Señor: Voy a sacar a los israelitas de entre las naciones a donde han ido a parar; los reuniré de todas partes y los haré volver a su tierra. Haré de ellos una sola nación en este país, en los montes de Israel, y tendrán un solo rey. No volverán a estar divididos en dos naciones, ni separados en dos reinos. Tampoco volverán a mancharse adorando ídolos repugnantes ni cometiendo toda clase de pecados. Yo los libraré de todas las infidelidades que han cometido, y los limpiaré de sus pecados. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Mi siervo David será el rey y único pastor de todos ellos, y ellos me obedecerán y cumplirán mis leyes y decretos. Vivirán en el país que di a mi siervo Jacob, donde también vivieron sus antepasados. Allí vivirán siempre ellos y sus hijos y todos sus descendientes; y mi siervo David será siempre su jefe. Haré con ellos una alianza para asegurarles una vida tranquila. Será una alianza eterna. Haré que aumenten en número, y para siempre pondré mi santo templo en medio de ellos. Viviré entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Cuando mi santo templo esté para siempre en medio de ellos, las demás naciones reconocerán que yo he escogido a Israel como mi posesión sagrada.

REFLEXIÓN

Pocos textos como la lectura de Ezequiel en este día resumen tan preciosamente las promesas de Dios, que ciertamente desbordan nuestros anhelos y los sacian de cielo. Mira cuántas cosas nos promete el Señor por boca de este profeta: el cumplimiento de las promesas hechas al pueblo de la alianza; la reconciliación y la unidad, la victoria sobre la idolatría, el fin de la tiranía del pecado, una nueva pureza, estado de amistad y amor con Dios, dulzura en una paz estable y duradera, gloria entre todos los pueblos. Si examinamos estos bienes maravillosos notamos que comprenden dos momentos básicos: la sanación de las heridas del mal y la consolidación en la obra del bien. Y eso es la Pascua, eso es lo que el Señor ha querido darnos con la muerte de Cristo, en la que nuestros males han muerto y con la Resurrección de Cristo, en donde ha encontrado cimiento y fuerza toda bendición.

SALMO RESPONSORIAL:

JEREMÍAS 31

R:/ El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

LECTURA DEL EVANGELIO

JUAN 11,45-57

“PARA REUNIR A LOS HIJOS DE DIOS DISPERSOS”

Por esto creyeron en Jesús muchos de los judíos que habían ido a acompañar a María y que vieron lo que él había hecho. Pero algunos fueron a ver a los fariseos, y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los fariseos y los jefes de los sacerdotes reunieron a la Junta Suprema, y dijeron: --¿Qué haremos? Este hombre está haciendo muchas señales milagrosas. Si lo dejamos, todos van a creer en él, y las autoridades romanas vendrán y destruirán nuestro templo y nuestra nación. Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, les dijo: --Ustedes no saben nada, ni se dan cuenta de que es mejor para ustedes que muera un solo hombre por el pueblo, y no que toda la nación sea destruida. Pero Caifás no dijo esto por su propia cuenta, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, dijo proféticamente que Jesús iba a morir por la nación judía; y no solamente por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos. Así que desde aquel día las autoridades judías tomaron la decisión de matar a Jesús. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que salió de la región de Judea y se fue a un lugar cerca del desierto, a un pueblo llamado Efraín. Allí se quedó con sus discípulos. Faltaba poco para la fiesta de la Pascua de los judíos, y mucha gente de los pueblos se dirigía a Jerusalén a celebrar los ritos de purificación antes de la Pascua. Andaban buscando a Jesús, y se preguntaban unos a otros en el templo: --¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta o no? Los fariseos y los jefes de los sacerdotes habían dado orden de que, si alguien sabía dónde estaba Jesús, lo dijera, para poder arrestarlo.

REFLEXIÓN:

Fariseos, escribas y autoridades religiosas, han firmado la sentencia de muerte de Jesús. Identifican la supervivencia del pueblo con la suya propia. Así justifican su oportunismo político y la injusticia que cometen. La actividad de Jesús en favor de los que ellos marginaban y excluían los interpela seriamente. La denuncia la está haciendo el mismo Dios que trabaja en la historia. Pero ellos ahogan todo cuestionamiento matando al enviado de Dios. Esta manera de argumentar de los poderosos para justificar la opresión que realizan se repite una y otra vez en la gran historia. Sin embargo, les fallaron los cálculos. Mataron a Jesús, pero su causa continuó viva en medio de cuantos ansían la libertad y la justicia.


Básicamente el punto parece ser que el Evangelio de la gracia allanaba de tal manera el encuentro con Dios, Padre de amor y perdón, que hacía superfluo todo el montaje de conveniencias y alianzas humanas, todo el tejido de afectos y pactos de familia que habían logrado construir esas "autoridades". Los saduceos, con su descarada camaradería con los romanos, y los fariseos, ebrios de su vanidad de fachada religiosa, veían espantados que Dios estaba demasiado cerca y que todo lo que ellos habían levantado con el esfuerzo de una vida se venía al suelo ante la noticia de un amor sanador, perdonador, gratuito y bello como el que ofrecía Jesús. Aceptar a Jesús implicaba renunciar a la tarea de toda su vida. Y, como dijo el Señor, querían "conservar" su vida... y por eso la estaban "perdiendo". Resultaron capaces de sacrificar al autor de la vida por no perder lo que habían pretendido con su labor y su amor a sí mismos.

PARA REFLEXIONAR:

1. ¿Eliminaremos también nosotros a Jesús, de nuestra realidad, de nuestra vida, de nuestra historia?

ORACIÓN

Padre de bondad, creemos en tus promesas de esperanza, tú, que enviaste a tu Hijo Jesucristo para mostrarnos el camino verdadero que nos conduce a la vida, tú, que enviaste a tu Hijo para salvarnos, queremos renunciar para ganar, morir para vivir, declararte un no al mundo y un sí a la vida y a tu proyecto. Amén.

DOMINGO 17 DE ABRIL DE 2011

“¿QUE ES MÁS IMPORTANTE PARA MÍ, LA VERDAD Y LA JUSTICIA O LA LEY?



Después de cinco semanas de camino cuaresmal, llegamos con Jesús a Jerusalén y entramos a vivir el misterio maravilloso de la salvación, en ésta que llamamos "Semana Mayor", semana de la nueva creación. Aprendamos las enseñanzas de la entrega, el sacrificio de Jesús por nosotros, el camino de la pasión y merezcamos participar de su Resurreción.


Que esta Semana Santa, Semana Mayor que empezamos sea un momento de encuentro con Dios, de reflexión y de oración.



PRIMERA LECTURA


ISAIAS 50,4-7

“NO OCULTÉ EL ROSTRO A INSULTOS, Y SE QUE NO QUEDARÉ AVEGONZADO”

El Señor me ha instruido para que yo consuele a los cansados con palabras de aliento. Todas las mañanas me hace estar atento para que escuche dócilmente. El Señor me ha dado entendimiento, y yo no me he resistido ni le he vuelto las espaldas. Ofrecí mis espaldas para que me azotaran y dejé que me arrancaran la barba. No retiré la cara de los que me insultaban y escupían. El Señor es quien me ayuda: por eso no me hieren los insultos; por eso me mantengo firme como una roca, pues sé que no quedaré en ridículo.


SALMO RESPONSORIAL: 21


R: Dios mío, Dios mío ¿ por qué me has abandonado?


SEGUNDA LECTURA


FILIPENSES 2,6-11

“SE REBAJÓ A SI MISMO, POR ESO DIOS LO LEVANTÓ SOBRE TODO”

Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz. Por eso Dios le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres, para que, ante ese nombre concedido a Jesús, doblen todos las rodillas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y todos reconozcan que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


LECTURA DEL EVANGELIO


MATEO 21,1-11

“JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN”



Cuando ya estaban cerca de Jerusalén y habían llegado a Betfagé, al Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: --Vayan a la aldea que está enfrente. Allí encontrarán una burra atada, y un burrito con ella. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, díganle que el Señor los necesita y que en seguida los devolverá. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el profeta, cuando escribió: "Digan a la ciudad de Sión: 'Mira, tu Rey viene a ti, humilde, montado en un burro, en un burrito, cría de una bestia de carga.' " Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado. Llevaron la burra y su cría, echaron sus capas encima de ellos, y Jesús montó. Había mucha gente. Unos tendían sus capas por el camino, y otros tendían ramas que cortaban de los árboles. Y tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban: --¡Hosana al Hijo del rey David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas! Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó, y muchos preguntaban: --¿Quién es este? Y la gente contestaba: --Es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea.

REFLEXIÓN:


Jesús no aceptaba aclamaciones de las multitudes que pretendían hacerlo rey después de ver sus asombrosos milagros. No quiso una corona cuando todos exclamaban: "¡todo lo hace bien!". Huyó a la montaña muchas veces y a menudo se refugió en la oración y la intimidad con Dios, su Padre . En todas esas ocasiones, cuando hubiera sido sencillísimo y casi natural proclamarse Hijo de David y sucesor del trono para liberar a Israel, guardó silencio, se ocultó discreto, oró en lo escondido, se apartó de las aclamaciones y los vítores. Pero hubo un día en que aceptó el aplauso y no huyó de la ovación de su pueblo. Un día Cristo aceptó ser rey, y selló su destino, cambió la historia y abrió un futuro para el universo entero con el gesto humilde y noble que hoy contemplamos: miremos todos, asómbrese el mundo, cante Judá y no calle Israel: Jesús, el Nazareno, es el Rey, y manso entra en la ciudad de David rodeado de humilde corte.


¿Por qué esta vez el Señor aceptó ser rey, lo que antes rechazaba? ¿Por qué nos parece que se deja envolver en el entusiasmo de aquella multitud que por fin puede dar rienda suelta a su afecto y emoción? Es que bien sabía Jesús qué le esperaba después de esos aplausos y cuánto cambiarían esas voces en cuestión de horas. Percibía su corazón el odio exacerbado de aquellos que veían en él un peligro para sus intereses. Sabía que los poderosos, terminarían por unirse, aunque sólo fuera para estar de acuerdo en quitarlo de en medio. Y en cuanto a sus discípulos, entendía cuán frágil era su amor, así le juraran lo contrario. Comprendía y sabía que ser rey, en medio de semejante torbellino de pasiones y venganzas, más que un honor era un acto de compasión, una obra de misericordia, una manifestación, la última y más perfecta, de su amor inextinguible.


Este día, domingo nos introduce la celebración también de los misterios más hondos y bellos de nuestra fe en esta semana que comienza. Y por eso la Iglesia, después de invitarnos a cantar aclamaciones al Mesías Pacífico y verdadero Rey, nos invita a mirar en un solo y maravilloso conjunto qué fue lo que entonces sucedió, para que nuestros oídos se acostumbren a la música de dolor y de amor que es la Pasión del Señor. Es bueno oír así de una sola vez la Pasión para entender que fue Uno solo el que todo sufrió y Uno solo el que todo venció. Fue Uno solo el que cargó con nuestras culpas y Uno solo el que las arrojó a lo hondo del mar. Uno solo venció a nuestro enemigo, Uno solo triunfó sobre la muerte, Uno solo nos amó hasta el extremo, Uno solo nos dio el perdón, la paz, la gracia y la vida que no acaba. Uno solo: Jesucristo, el Hijo del Dios vivo.


PARA REFLEXIONAR


1. ¿Renococemos al Señor como rey y Señor de nuestra vida ?

Reflexionemos y contemplemos la entrega de Jesús por nosotros, y pidámosle que nos permita vivir como hombres y mujeres resucitados.

ORACIÓN

Dios, Padre nuestro, tú enviaste a tu Hijo entre nosotros, para que descubramos todo el amor que nos tienes. Y cuando nosotros respondemos a ese amor con nuestro rechazo, matando a tu hijo, Tú no te echaste atrás sino que seguiste adelante con tu plan de ser nuestro mejor amigo. Ablanda nuestros corazones para que sepamos responder a tu amor con el nuestro. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén



Lunes 18 de abril de 2011

“¿CON QUÉ PERSONAJE ME IDENTIFICO?”


PRIMERA LECTURA

ISAÍAS 42, 1-7

“MIREN A MI SIERVO, A QUIEN SOSTENGO; MI ELEGIDO, A QUIEN PREFIERO”

"Aquí está mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me deleito. He puesto en él mi Espíritu para que traiga la justicia a todas las naciones. No gritará, no levantará la voz, no hará oir su voz en las calles, no acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Verdaderamente traerá la justicia. No descansará ni su ánimo se quebrará, hasta que establezca la justicia en la tierra. Los países del mar estarán atentos a sus enseñanzas." Dios, el Señor, que creó el cielo y lo extendió, que formó la tierra y lo que crece en ella, que da vida y aliento a los hombres que la habitan, dice a su siervo: "Yo, el Señor, te llamé y te tomé por la mano, para que seas instrumento de salvación; yo te formé, pues quiero que seas señal de mi alianza con el pueblo, luz de las naciones. Quiero que des vista a los ciegos y saques a los presos de la cárcel, del calabozo donde viven en la oscuridad. Yo soy el Señor, ese es mi nombre, y no permitiré que den mi gloria a ningún otro ni que honren a los ídolos en vez de a mí. Miren cómo se cumplió todo lo que antes anuncié, y ahora voy a anunciar cosas nuevas; se las hago saber a ustedes antes que aparezcan."


REFLEXIÓN

Lunes, Martes y Miércoles de esta semana van acompañados, en la primera lectura, por textos del profeta Isaías. Se trata de pasajes bellos y hondos, de singular hermosura y un gran contenido. Una larga y venerable tradición les ha dado un nombre común: los Cánticos del Siervo. El contexto histórico en el que se ubican estos textos es el exilio de Babilonia, el pueblo de Israel, vive la crisis de estar en tierras extrañas, enfrentar prácticas, costumbres y creencias distintas a las suyas que ponen en crisis su propia fe. En medio de ellos está el segundo Isaías predicando: consolándolos y animándolos. Este texto se conoce como el primer cántico del Siervo, cuya temática central es enfatizar que el oficio del siervo es de elección divina y que se realiza por el don del espíritu, que acompañará al siervo en su tarea: implantar el derecho y la ley de Dios. Esta tarea no la hará ni a la fuerza, ni con las armas sino con el poder del Espíritu. Será un trabajo hecho desde la suavidad y mansedumbre, pero con la tenacidad propia de quien hace algo en nombre de Dios.

Estos textos que antecedieron en siete siglos al nacimiento de Cristo fuero leídos por la comunidad creyente como un retrato del Mesías en su Pasión. Impacta sobremanera ver a Jesús con los ojos de Isaías. Es ver al Mesías en contacto inmediato con el dolor de la humanidad y a la vez en perfecta fidelidad a Dios. ¿Y dónde se encuentra este cuadro mejor o más patente que en la Cruz de nuestro Salvador? Pero en este cántico de hoy, hay un tono de victoria. El Siervo de Dios es el "elegido", es Aquel destinado a realizar el designio salvador de Dios con firmeza y constancia, hasta los confines mismos de la tierra. El será la alianza nueva del pueblo con el Dios Creador y salvador y luz para todos los pueblos que viven en oscuridad y esperan poder ver. Aquí se llama a Jesucristo "Luz de las Naciones".

Dejémonos guiar, pues, por la palabra de hoy, en ella tenemos como un mapa del Corazón de Cristo, y también un ideal claro hacia el cual hemos de tender si somos discípulos del Señor, una luz para nosotros también, miremos a Cristo y en él gocémonos. Su misión, que no ha de fallar, es "proclamar la justicia con firmeza, no titubear ni doblegarse, hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y hasta que en todos los rincones de la tierra se escuche su enseñanza".

SALMO RESPONSORIAL: 26

R: El señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado.

LECTURA DEL EVANGELIO

JUAN 12, 1-11

“¡DÉJALA!, ELLA TENÍA GUARDADO ESTE PERFUME PARA EL DÍA DE MI SEPULTURA”


Seis días antes de la Pascua, Jesús fue a Betania, donde vivía Lázaro, a quien él había resucitado. Allí hicieron una cena en honor de Jesús; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa comiendo con él. María trajo unos trescientos gramos de perfume de nardo puro, muy caro, y perfumó los pies de Jesús; luego se los secó con sus cabellos. Y toda la casa se llenó del aroma del perfume. Entonces Judas Iscariote, que era aquel de los discípulos que iba a traicionar a Jesús, dijo: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por el equivalente al salario de trescientos días, para ayudar a los pobres? Pero Judas no dijo esto porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa del dinero, robaba de lo que echaban en ella. Jesús le dijo: Déjala, pues lo estaba guardando para el día de mi entierro. A los pobres siempre los tendrán entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Conspiración contra Lázaro Muchos de los judíos se enteraron de que Jesús estaba en Betania, y fueron allá, no solo para ver a Jesús sino también a Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Entonces los jefes de los sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque por causa suya muchos judíos se estaban separando de ellos para creer en Jesús.

REFLEXIÓN:

Betania es un lugar de encuentro, que quiere decir “casa de la amistad” pero también fue un lugar de reposo para Jesús. Se trata de la comunidad de Jesús reunida después de la resurrección de Lázaro. La comunidad celebra en el servicio (Marta), mostrando el amor a Jesús (María) y compartiendo la mesa (Lázaro), la vida que Jesús le ha comunicado. Los miembros de la comunidad demuestran su identificación con él, que les lleva a entregarse también ellos, para dar vida a los demás. Judas no comprende ni el servicio, ni el amor, ni el compartir. Hay dos proyectos opuestos: uno, el de Judas que, con su afán de acaparar, crea pobreza y, bajo pretexto de beneficencia, utiliza a los pobres en provecho propio. Otro, el de Jesús, para quien la solución a la pobreza está en el don total de sí a los demás. No es la fría beneficencia la que libera, sino la calurosa relación personal, que da a los oprimidos dignidad e igualdad integrándolos a la comunidad fraterna.


PARA REFLEXIONAR:

1. Estamos iniciando la Semana Santa, oportunidad única para preguntarnos: ¿Cómo vivimos personalmente y cómo se viven en nuestra comunidad el servicio, el amor y el compartir?

ORACIÓN

Señor te pedimos envíes sobre nosotros tu Espíritu, ayúdanos a optar por la vida, a dejar todo lo que nos aleje de ti, a entregar, a dar sin esperar, a donarnos a los demás, a compartir, a vivir en plenitud tu proyecto de amor. Amén.

MARTES, 19 DE ABRIL DE 2011

“¿CUÁNTAS VECES Y DE QUÉ FORMA VENDO A MIS HERMANOS?


PRIMERA LECTURA

ISAIAS 49,1-6

“TE HAGO LUZ DE LAS NACIONES, PARA QUE MI SALVACIÓN ALCANCE HASTA EL CONFIN DE LA TIERRA”

Óiganme, países del mar, préstenme atención, naciones lejanas: El Señor me llamó desde antes de que yo naciera; pronunció mi nombre cuando aún estaba yo en el seno de mi madre. Convirtió mi lengua en espada afilada, me escondió bajo el amparo de su mano, me convirtió en una flecha aguda y me guardó en su aljaba. Me dijo: "Israel, tú eres mi siervo, en ti me mostraré glorioso." Y yo que había pensado: "He pasado trabajos en vano, he gastado mis fuerzas sin objeto, para nada." En realidad mi causa está en manos del Señor, mi recompensa está en poder de mi Dios. He recibido honor delante del Señor mi Dios, pues él ha sido mi fuerza. El Señor, que me formó desde el seno de mi madre para que fuera su siervo, para hacer que Israel, el pueblo de Jacob, se vuelva y se una a él, dice así: "No basta que seas mi siervo solo para restablecer las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo haré que seas la luz de las naciones, para que lleves mi salvación hasta las partes más lejanas de la tierra."


REFLEXIÓN:

Las palabras del Siervo de Yahvé en la primera lectura de hoy reflejan una situación que probablemente hemos vivido todos. La palabra es: desaliento. No es duro esforzarse cuando están a la vista los frutos de ese esfuerzo. Lo realmente difícil es trabajar sin recompensa a la vista, porque ello nos hace dudar del sentido mismo de nuestro empeño. "¿Para qué perder mi tiempo y gastar mis fuerzas en nada?" : esta pregunta es capaz de frenar a los más valientes. Y quienes no serían frenados por la violencia de las armas ni se atemorizarían ante los obstáculos más fieros, pronto son vencidos por pensamientos de desilusión. Perder el corazón, apagar el amor, sembrar el desaliento son estrategias favoritas del enemigo de las almas, que bien recuerda las victorias que esta estrategia le ha reportado. Superada la hora de desaliento viene el descubrimiento maravilloso. La bruma se disipa, la noche cede y amanece la luz: "el Señor defendía mi causa, mi Dios guardaba mi recompensa". Cada tormenta vencida, cada tentación doblegada, cada pequeño triunfo nos ayuda a creer en el triunfo final y la gran victoria, que vendrán de Dios atravesando la espesura de la noche. Y entonces un rayo de claridad nos envuelve, como lo expresa el profeta en su cántico: "¡soy valioso para el Señor!". Así robustecido, el creyente renueva su camino con mayor alegría y fortaleza, sabiendo que volverá la noche... pero no faltará un nuevo día.


SALMO RESPONSORIAL: 70

R:/ Mi boca contará tu salvación, Señor.


LECTURA DEL EVANGELIO

JUAN 13,21-33.36-38

“UNO DE VOSOTROS ME VA A ENTREGAR… NO CANTARÁ EL GALLO ANTES QUE ME HAYAS NEGADO TRES VECES”

Después de decir esto, Jesús se sintió profundamente conmovido, y añadió con toda claridad: --Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar. Los discípulos comenzaron entonces a mirarse unos a otros, sin saber de quién estaba hablando. Uno de ellos, a quién Jesús quería mucho, estaba junto a él, mientras cenaban, y Simón Pedro le dijo por señas que le preguntara de quién estaba hablando. Él, acercándose más a Jesús, le preguntó: --Señor, ¿quién es? Jesús le contestó: --Voy a mojar un pedazo de pan, y a quien se lo dé, ese es. En seguida mojó un pedazo de pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y tan pronto como Judas recibió el pan, Satanás entró en su corazón. Jesús le dijo: --Lo que vas a hacer, hazlo pronto. Pero ninguno de los que estaban cenando a la mesa entendió por qué le decía eso. Como Judas era el encargado de la bolsa del dinero, algunos pensaron que Jesús le quería decir que comprara algo para la fiesta, o que diera algo a los pobres. Una vez que Judas hubo recibido el pan, salió. Ya era de noche. Después que Judas hubo salido, Jesús dijo: --Ahora se muestra la gloria del Hijo del hombre, y la gloria de Dios se muestra en él. Y si el Hijo del hombre muestra la gloria de Dios, también Dios mostrará la gloria de él; y lo hará pronto. Hijitos míos, ya no estaré con ustedes mucho tiempo. Ustedes me buscarán, pero lo mismo que les dije a los judíos les digo ahora a ustedes: No podrán ir a donde yo voy. Simón Pedro le preguntó a Jesús: --Señor, ¿a dónde vas? --A donde yo voy --le contestó Jesús--, no puedes seguirme ahora; pero me seguirás después. Pedro le dijo: --Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? ¡Estoy dispuesto a dar mi vida por ti! Jesús le respondió: --¿De veras estás dispuesto a dar tu vida por mí? Pues te aseguro que antes que cante el gallo, me negarás tres veces.


REFLEXIÓN:

La traición y la negación, dos palabras que acompañan a los discípulos previos al cumplimiento de la misión salvífica de Jesús, palabras que también nos acompañan, pero que Jesús quiere cambiar camino a la cruz y con su Resurrección. Veamos como el anuncio de Jesús sobre la traición inminente desconcierta a sus discípulos. Pedro pide al discípulo a quien Jesús quiere que le pregunte quién va a ser el traidor, y Jesús le dice cómo va a identificarlo: en señal de amistad ofrece a Judas un trozo de pan. El propósito de Jesús no es denunciar al traidor ni delatarlo delante de sus compañeros, sino ofrecerle la última oportunidad de arrepentirse. La tentativa de Jesús fracasa. Judas se obstina. Jesús manifiesta su total respeto por la libertad humana, a costa de su propia vida. El amor de Jesús es un amor que no juzga, que no conoce límites, que se extiende al enemigo mortal, que no fuerza a nadie, que desiste de la posibilidad de rechazarlo. Para quien está con Jesús no hay enemigos que delatar. Hay vidas que entregar libremente para que sea posible el Reino. Fruto de esta entrega es el don del Espíritu de Dios que da al ser humano la capacidad de amar sin límites, haciéndolo así plenamente humano, al estilo de Jesús. ¿Nos abrimos nosotros incondicionalmente a esta clase de amor que Jesús nos muestra? Y la noche es también tema del evangelio de hoy. Judas, en un acto tenebroso y contradictorio, acepta el pan mojado que Jesús le ofrece con lo que también admite ser el traidor. Un gesto absurdo que le denuncia y que sin embargo no es comprendido por los apóstoles que allí se encuentran. ¿Por qué? Probablemente porque un acto así aleve y traidor no cabía en la mente de aquellos hombres. Y cuando él sale, anota san Juan, "era de noche". Sí, porque el sol ya se había escondido bajo el horizonte. Mas sobre todo "era de noche" porque en aquel corazón atravesado de dudas y codicias, de preguntas nunca formuladas y dolores sin sanar, sólo quedaba ya oscuridad. En aquella hora de tinieblas sólo la palabra de Jesucristo es luz. Él permanece el mismo: ama, perdona, declara la verdad; es manso aun ante la avalancha de dolor que ve venir; es puro y sencillo cuando todos van a mostrarse falsos y torcidos; es humilde y caritativo en medio de la peor tempestad de soberbia y de odio.

PARA REFLEXIONAR:

1. ¿Cuántas veces he traicionado el proyecto que Dios tiene para mí, lo traiciono por unas cuantas monedas, por enriquecerme a costa de otros, por los lujos innecesarios, por vivir en mi egoísmo?

2. ¿He traicionado el proyecto que he iniciado con mi familia, con mis hermanos? ¿Cuántas veces he claudicado y defraudado a otros?

3. ¿Cuántas veces he negado para mi y para otros, la vida, la luz, la esperanza, la justicia, la equidad? ¿Me falta valor para vivir, aceptar y luchar por el proyecto de Dios?

ORACIÓN

Señor, queremos aferrarnos a ti, queremos huir de la oscuridad, de la traición y negación a tu proyecto de vida, tu conoces nuestras debilidades, nuestras caídas, nuestras dudas, se tú Señor nuestra roca, nuestro alcázar, se tú nuestra prioridad y ayúdanos a vivir bajo tu luz. Amén.

Miércoles 20 de abril de 2011

“A FAVOR O EN CONTRA DE DIOS”

PRIMERA LECTURA
ISAÍAS 50, 4-9


“CONFIANZA DEL SIERVO DEL SEÑOR EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO”

El Señor me ha instruido
para que yo consuele a los cansados
con palabras de aliento.
Todas las mañanas me hace estar atento
para que escuche dócilmente.
El Señor me ha dado entendimiento,
y yo no me he resistido
ni le he vuelto las espaldas.
Ofrecí mis espaldas para que me azotaran
y dejé que me arrancaran la barba.
No retiré la cara
de los que me insultaban y escupían.
El Señor es quien me ayuda:
por eso no me hieren los insultos;
por eso me mantengo firme como una roca,
pues sé que no quedaré en ridículo.
A mi lado está mi defensor:
¿Alguien tiene algo en mi contra?
¡Vayamos juntos ante el juez!
¿Alguien se cree con derecho a acusarme?
¡Que venga y me lo diga!
El Señor es quien me ayuda;
¿quién podrá condenarme?
Todos mis enemigos desaparecerán
como vestido comido por la polilla.


REFLEXIÓN:
En el capítulo cincuenta de Isaías, aparece otro de los llamados cánticos del Siervo de Dios. Isaías nos muestra qué significa ser un servidor de Dios. Dice aquí: “Mi señor me ha dado una palabra de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento" Esta es una de las características del Siervo de Dios: puede decir al abatido una palabra de aliento.
Lo que está diciendo el Siervo de Dios aquí es: "Yo ya no soy un principiante, tengo una experiencia de Dios, yo tengo un camino, yo me he metido en el proyecto de Dios". ¿Para qué? ¿Para gozar y disfrutar él solo? No. Si Dios tiene un plan de amor, de misericordia, de salvación para todos, especialmente para los más débiles, para los más cansados, para los más tristes, para los más enfermos, para los más pecadores, porque a esos sobre todo Dios los busca, entonces, el que es amigo de Dios tiene también que tener una palabra para ellos. El siervo de Dios es alguien que conoce de Dios y que sirve al hermano. Atiende, sirve, consuela, aconseja, ayuda al necesitado. Saber de Dios y ayudar al necesitado. Este es el resumen de la vida de Cristo, y en parte es la síntesis de la Semana Santa.
Lo que nosotros encontramos en Cristo es alguien que conoce verdaderamente a Dios y le sirve. Dice el evangelio de Juan: "A Dios nadie lo ha visto; Cristo, que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer" Juan 1,18. El es, el que verdaderamente conoce a Dios, su proyecto, pero Cristo es también el verdadero Siervo de Dios porque es el que sabe decirle al abatido la palabra de aliento, es el que sabe acercarse al más necesitado, al más pequeño, al más pobre y darle ese consuelo, darle esa ayuda. Esa fue la vida de Cristo: Vivir en Dios y vivir para el hermano, ese es Cristo. Esa fue la vida de Cristo y esa también debe ser nuestra vida.


SALMO RESPONSORIAL: 68
R: / Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor.

LECTURA DEL EVANGELIO
MATEO 26,14-25


“AY, DE QUIEN VA A ENTREGAR AL HIJO DEL HOMBRE”


de los doce discípulos, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes y les dijo:
--¿Cuánto me quieren dar, y yo les entrego a Jesús?
Ellos le pagaron treinta monedas de plata. Y desde entonces Judas anduvo buscando el momento más oportuno para entregarles a Jesús.

La Cena del Señor

El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
--¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
Él les contestó:
--Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: 'El Maestro dice: Mi hora está cerca, y voy a tu casa a celebrar la Pascua con mis discípulos.'
Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la cena de Pascua.
Cuando llegó la noche, Jesús estaba a la mesa con los doce discípulos; y mientras comían, les dijo:
--Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.
Ellos se pusieron muy tristes, y comenzaron a preguntarle uno tras otro:
--Señor, ¿acaso seré yo?
Jesús les contestó:
--Uno que moja el pan en el mismo plato que yo, va a traicionarme. El Hijo del hombre ha de recorrer el camino que dicen las Escrituras; pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Hubiera sido mejor para él no haber nacido.
Entonces Judas, el que lo estaba traicionando, le preguntó:
--Maestro, ¿acaso seré yo?
--Tú lo has dicho --contestó Jesús.

REFLEXIÓN

La Palabra de Dios nos invita hoy a profundizar más aún en la traición de Judas. Los Doce están a la mesa, simbolismo de un nuevo proyecto de humanidad a partir de la comunión del pan y del vino. Cuando Jesús anuncia que uno va a traicionarlo, todos le dicen: “¿Seré yo, Señor?”, reconociendo a Jesús como Señor de sus vidas. Judas en cambio le pregunta: “¿Seré yo, Maestro?”. Judas sigue en la misma mentalidad de los que no han entendido el proyecto mesiánico de Jesús, que no es el del poder, sino el del Servidor Sufriente que lo hace Señor, Hijo de Dios. En todo grupo humano siempre hay alguien que tiene precio; alguien que se vende y traiciona. Hasta entre los elegidos por Jesús pasó esto. ¡Ay, Judas, “más te valdría no haber nacido”! Más te valdría no haber empezado el camino de Jesús si lo ibas a terminar de manera tan dolorosa y vergonzosamente triste. ¿Cuánto de Judas llevamos nosotros mismos prendido en nuestras vidas? Cuánta traición al Señor en nuestra falta de amor radical y de servicio generoso por otros.

PARA REFLEXIONAR:
1. ¿ Que significado tiene ser “Siervo de Dios”?

ORACIÓN
Señor aquí estamos asumiendo nuestras debilidades y carencias, reconociendo que te necesitamos, que sin ti no podemos seguir adelante, queremos disponer nuestra vida para ti, para el servicio, para tu proyecto. Amén

Jueves, 21 de abril de 2011

“COMUNIDAD-EUCARISTÍA Y SERVICIO-MILAGRO DE AMOR”


PRIMERA LECTURA
EXODO 12, 1-8.11-14


“PRESCRIPCIONES SOBRE LA CENA PASCUAL”


El Señor habló en Egipto con Moisés y Aarón, y les dijo:
"Este mes será para ustedes el principal, el primer mes del año. Díganle a toda la comunidad israelita lo siguiente: 'El día diez de este mes, cada uno de ustedes tomará un cordero o un cabrito por familia, uno por cada casa. Y si la familia es demasiado pequeña para comerse todo el animal, entonces el dueño de la casa y su vecino más cercano lo comerán juntos, repartiéndoselo según el número de personas que haya y la cantidad que cada uno pueda comer. El animal deberá ser de un año, macho y sin defecto, y podrá ser un cordero o un cabrito. Lo guardarán hasta el catorce de este mes, y ese día todos y cada uno en Israel lo matarán al atardecer. Tomarán luego la sangre del animal y la untarán por todo el marco de la puerta de la casa donde coman el animal. Esa noche comerán la carne asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura.
Ya vestidos y calzados, y con el bastón en la mano, coman de prisa el animal, porque es la Pascua del Señor. Esa noche yo pasaré por todo Egipto, y heriré de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia y a las primeras crías de sus animales, y dictaré sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor, lo he dicho.
'La sangre les servirá para que ustedes señalen las casas donde se encuentren. Y así, cuando yo hiera de muerte a los egipcios, ninguno de ustedes morirá, pues veré la sangre y pasaré de largo. Este es un día que ustedes deberán recordar y celebrar con una gran fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán como una ley permanente que pasará de padres a hijos.

REFLEXIÓN
La Pascua siempre ha sido una fiesta de liberación cuyos orígenes se remontan a costumbres anteriores a la Pascua del pueblo judío. Los pastores nómadas antes de emprender su viaje, en busca de mejores pastos para sus rebaños en la noche de luna llena, más cercana al inicio de la primavera, sacrificaban un cordero o un cabrito nacido el año anterior, macho, sin defecto; para que no perdiera su energía vital, al comerlo no podían romperle ningún hueso. Además como estaban en una región desértica, sin agua, el animal no era cocido en agua, sino asado al fuego. Con su sangre rociaban las entradas de sus tiendas de campaña para evitar la entrada de los espíritus malignos portadores de enfermedades y desgracias. Como debían partir antes de la salida del sol, comían de prisa, calzadas las sandalias, el bastón en la mano y listos para partir.
Estas costumbres fueron adoptadas por los israelitas cuando celebraron la Pascua; pero con otro significado. Con la sangre del cordero marcan sus puertas para evitar la entrada del ángel exterminador; el cordero no sólo era sacrificado, sino también comido; de esta manera los comensales se comprometían aún más con el misterio de la fiesta. La Pascua entre los judíos, unida a la liberación de Egipto, se reactualizaba con esta celebración, es decir se hacía presente como si ellos fueran los protagonistas y de esta manera el pasado se mantuvo vivo y los proyectaba hacia el futuro.

La mención de la sangre nos introduce en el Antiguo Testamento y por ella se opera la continuidad entre la Pascua judía y la Pascua cristiana. Pascua es la gran fiesta de la liberación de la servidumbre y de la muerte, donde la sangre del cordero juega una función salvadora; más aún, como Egipto en el Antiguo Testamento es la tierra del pecado, la salida de Egipto es una liberación de la esclavitud material y de la del pecado.

El relato de la Pascua Judía, está ubicado entre el anuncio y el hecho de la muerte de los primogénitos. Es la vida en medio de la muerte. Es la libertad en medio de la opresión. Dos líneas se entrecruzan: la de un banquete sagrado familiar y la del empleo de la sangre como signo protector. El nombre de la Pascua se deriva de pasah, saltar, pasar por alto, y se refiere al “paso del Señor” cuyo ángel exterminador “pasa por alto” las casas marcadas por la sangre del cordero.
Se unen dos fiestas, la Pascua que es una fiesta antiquísima de carácter pastoril que se celebraba en la primavera cuando se iniciaba el desplazamiento de los pastores, y la de los Ácimos que es una fiesta de carácter agrícola en la cual se ofrecen los primeros frutos al Señor. En la Pascua se trata de la celebración de un pasado que se apropia y se revive, ese pasado tiene una realidad viva y nueva en el momento de la celebración. En este sentido es pasado, pero a la vez es futuro en cuanto que nos lleva a celebrar y desear la liberación total. La pascua ha sido interpretada como una figura de la obra salvadora de Cristo, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.


SALMO RESPONSORIAL: 115
R: El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

SEGUNDA LECTURA
PRIMERA DE CORINTIOS 11,23-26


“CADA VEZ QUE COMEN DEL PAN, PROCLAMAN LA MUERTE DEL SEÑOR”


Porque yo recibí esta tradición dejada por el Señor, y que yo a mi vez les transmití: Que la misma noche que el Señor Jesús fue traicionado, tomó en sus manos pan y, después de dar gracias a Dios, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que muere en favor de ustedes. Hagan esto en memoria de mí. Así también, después de la cena, tomó en sus manos la copa y dijo: "Esta copa es la nueva alianza confirmada con mi sangre. Cada vez que beban, háganlo en memoria de mí." De manera que, hasta que venga el Señor, ustedes proclaman su muerte cada vez que comen de este pan y beben de esta copa.

REFLEXIÓN

La Pascua judía tiene para los cristianos un nuevo sentido; como el texto del éxodo narraba la celebración litúrgica judía, Pablo muestra la celebración litúrgica cristiana como una nueva pascua, con el anuncio de la liberación bajo el signo de la sangre que ahora se ha transformado en pan y vino. Es el mismo rito de la alianza y de la reconciliación, con paralelos que permiten comprender la celebración cristiana desde el sentido de la Pascua judía: - la noche de la salida de Egipto con la noche de la Pasión

El cordero del éxodo con el cordero pascual

El memorial de las pruebas del desierto con el memorial del sacrificio de Jesús

LECTURA DEL EVANGELIO
JUAN 13,1-15

“LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO”


Era antes de la fiesta de la Pascua, y Jesús sabía que había llegado la hora de que él dejara este mundo para ir a reunirse con el Padre. Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin.
El diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la idea de traicionar a Jesús. Jesús sabía que había venido de Dios, que iba a volver a Dios y que el Padre le había dado toda autoridad; así que, mientras estaban cenando, se levantó de la mesa, se quitó la capa y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.

Cuando iba a lavarle los pies a Simón Pedro, este le dijo:

--Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí?

Jesús le contestó:

--Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero después lo entenderás.

Pedro le dijo:

--¡Jamás permitiré que me laves los pies!

Respondió Jesús:

--Si no te los lavo, no podrás ser de los míos.

Simón Pedro le dijo:

--¡Entonces, Señor, no me laves solamente los pies, sino también las manos y la cabeza!

Pero Jesús le contestó:

--El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos.

Dijo: "No están limpios todos", porque sabía quién lo iba a traicionar.

Después de lavarles los pies, Jesús volvió a ponerse la capa, se sentó otra vez a la mesa y les dijo:

--¿Entienden ustedes lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho

REFLEXIÓN:

Jesús antes de partir, quiere que sus discípulos comprendan, con un gesto simbólico, lo que significa su misión: el lavatorio de los pies es la expresión del compromiso por el servicio a la comunidad que se le ha encargado. Es muy significativo que en el lugar en que los otros evangelios colocan la última cena, Juan, sin decir una palabra sobre esta cena, describe el signo más diciente del amor y del servicio, porque cuando había llegado la hora, en el momento en que su misión termina, Jesús quiere demostrar su compromiso definitivo con la humanidad por medio del servicio.

El lavado de los pies era un gesto que en la antigüedad mostraba acogida y hospitalidad; de ordinario lo hacía un esclavo o una mujer, la esposa a su marido, los hijos o las hijas al padre un gesto de consideración excepcional para con los huéspedes. Jesús rompe con la tradición: no pide ayuda. Él, que preside la cena y dentro de ella, realiza el lavatorio de los pies, demostrando que no hay alguno mayor que pudiera ser el primero; la comunidad de sus discípulos se conforma en la igualdad y en la libertad como fruto del amor; y el Señor se convierte en el servidor, porque la verdadera grandeza no está en el honor humano sino en el amor que transforma a los hombres y mujeres en la presencia de Dios en el mundo. Son significativas la palabras de Jesús: Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

Jesús estando cenando con sus discípulos, nos dice el evangelista, se levanto de la mesa, dejó el manto y, tomando un paño, se lo ató a la cintura. Minuciosamente nos describe la escena porque cada uno de estos detalles revelan el verdadero sentido de la acción que Jesús va a ejecutar: el verdadero amor se traduce en acciones concretas de servicio. Cuando se dice que Jesús dejó el manto se expresa cómo deja de lado su vida, la vida que él da por sus amigos. Luego toma un paño, como el que usaban los sirvientes que es, por lo tanto, símbolo del servicio.

Jesús niega la validez de los valores que el mundo ha creado; al ponerse de rodillas ante sus discípulos, Jesús, Dios entre los hombres, Dios recupera su verdadero rostro con el servicio. Dios no actúa como un soberano, sino como un servidor del hombre porque el Padre que no ejerce dominio sino que comunica vida y amor, no legitima ningún poder ni dominio. Lo que Dios hace por el hombre es levantarlo a su propio nivel; Jesús es el Señor, pero al lavar los pies a los suyos haciéndose su servidor, les da también a ellos la categoría de señores. Su servicio por tanto elimina todo rango porque en la comunidad que él funda cada uno ha de ser libre; son todos señores por ser todos servidores, y el amor produce libertad.

Sus discípulos tendrán la misma misión: crear una comunidad de hombres y mujeres iguales y libres porque el poder que se pone por encima del hombre, se pone por encima de Dios. Jesús destruye toda pretensión de poder, ya que la grandeza y el poderío humanos no son valores a los que él renuncia por humildad, sino una injusticia que no puede aceptar.

Pedro rechaza que el Señor le lave los pies lo que indica que éste no ha entendido la acción de Jesús. Él piensa en un Mesías glorioso, lleno de poder y de riqueza y no admite la igualdad. Aún no sabe lo que significa amor, pues no deja que Jesús le manifieste la grandeza de su amor y su medida: igual que yo he hecho con vosotros, hagáis también vosotros. La medida de nuestro amor a los demás es la medida en que Jesús nos ha amado y esto que parece imposible, se puede hacer realidad si nos identificamos con él. Deberíamos poder decir como Pablo: No soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí (Gal 2,20).

Celebremos hoy nuestra cena pascual, hagámoslo con la mentalidad de Jesús, hagámoslo comunitariamente, con una comunidad dispuesta al servicio que la fortalece y enriquece, pero sobre todo una comunidad de todos los hombres unidos por el lazo más fuerte: el amor.

ORACIÓN
Señor, hoy celebramos el mandamiento del amor, hoy nos muestras el sentido del servicio, el sentido de nuestra misión, que podamos responder a este llamado comunitariamente y celebrar todos juntos en la Cena de tu Hijo. Amén.

Viernes 22 de abril de 2011

“MISERICORDIA Y JUSTICIA QUIERO Y NO FALSOS SACRIFICIOS NI LÁGRIMAS”





PRIMERA LECTURA


ISAÍAS 52,13.53,12



“EL FUE TRASPASADO POR NUESTRAS REBELIONES”



Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quien creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomo el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.


REFLEXIÓN



El cuarto cántico del Siervo de Dios nos presenta al mismo tiempo la realidad oscura del pecado, pero la fuerza incontenible de la esperanza, como fruto bendito de la fidelidad a la voluntad divina.
En este día, marcado por el dolor más grande, la primera frase que hemos escuchado es sin embargo un grito de esperanza: "Mi siervo tendrá éxito, crecerá y llegará muy alto....". Todo lo que sigue en esta visión de Isaías es terrible más aún que el drama del calvario. Pero ese sufrimiento inmenso no puede, no debe callar esa frase: "tendrá éxito". Ése, el Cristo de la cruz, el Señor insultado, el Rey de burlas y calumnias, precisamente ese, "tendrá éxito".
Y Cristo, el Siervo de Dios, ese que, según el profeta, "ni siquiera tenía figura humana" es en la Cruz como el embajador y síntesis viva de todos, de aquellos débiles, olvidados, los que no cuentan para el mundo, los que nunca hemos querido ver, los que no reciben sino desprecio y ante los que siempre se vuelve la espalda, el huérfano, la viuda, el pobre, los que Dios en cambio conoce y ama por su nombre. Ahí, en la Cruz, Dios abraza en amor a su Hijo Doliente, y en él a los dolientes del mundo y los olvidados de la historia.



SALMO RESPONSORIAL: 30
R: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.



LECTURA DEL EVANGELIO
JUAN 18,1-19, 42a



He aquí el relato desde la visión de Juan, de la pasión, cruxifición y muerte de Jesús, que recordamos hoy en el Viernes Santo.



“PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS”



En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos para ir al otro lado del arroyo Cedrón. Allí había un huerto, donde Jesús entró con sus discípulos. También Judas, el que lo estaba traicionando, conocía el lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. Así que Judas llegó con una tropa de soldados y con algunos guardianes del templo enviados por los jefes de los sacerdotes y por los fariseos. Estaban armados, y llevaban lámparas y antorchas. Pero como Jesús ya sabía todo lo que le iba a pasar, salió y les preguntó:
--¿A quién buscan?
Ellos le contestaron:
--A Jesús de Nazaret.
Jesús dijo:
--Yo soy.
Judas, el que lo estaba traicionando, se encontraba allí con ellos. Cuando Jesús les dijo: "Yo soy", se echaron hacia atrás y cayeron al suelo. 7 Jesús volvió a preguntarles:
--¿A quién buscan?
Y ellos repitieron:
--A Jesús de Nazaret.
Jesús les dijo otra vez:
--Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que estos otros se vayan.
Esto sucedió para que se cumpliera lo que Jesús mismo había dicho: "Padre, de los que me diste, no se perdió ninguno."[ Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó y le cortó la oreja derecha a uno llamado Malco, que era criado del sumo sacerdote. 11 Jesús le dijo a Pedro:
--Vuelve a poner la espada en su lugar. Si el Padre me da a beber este trago amargo, ¿acaso no habré de beberlo?
Jesús ante Anás
(Mt 26.57-58; Mc 14.53-54; Lc 22.54)
Los soldados de la tropa, con su comandante y los guardianes judíos del templo, arrestaron a Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero a la casa de Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Este Caifás era el mismo que había dicho a los judíos que era mejor para ellos que un solo hombre muriera por el pueblo.
Pedro niega conocer a Jesús
(Mt 26.69-70; Mc 14.66-68; Lc 22.55-57)
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. El otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, de modo que entró con Jesús en la casa; pero Pedro se quedó fuera, a la puerta. Por esto, el discípulo conocido del sumo sacerdote salió y habló con la portera, e hizo entrar a Pedro. La portera le preguntó a Pedro:
--¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?
Pedro contestó:
--No, no lo soy.
Como hacía frío, los criados y los guardianes del templo habían hecho fuego, y estaban allí calentándose. Pedro también estaba con ellos, calentándose junto al fuego.
El sumo sacerdote interroga a Jesús
(Mt 26.59-66; Mc 14.55-64; Lc 22.66-71)
El sumo sacerdote comenzó a preguntarle a Jesús acerca de sus discípulos y de lo que él enseñaba. Jesús le dijo:
--Yo he hablado públicamente delante de todo el mundo; siempre he enseñado en las sinagogas y en el templo,[ donde se reúnen todos los judíos; así que no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a los que me han escuchado, y que ellos digan de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho.
Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardianes del templo le dio una bofetada, diciéndole:
--¿Así contestas al sumo sacerdote?
Jesús le respondió:
--Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?
Entonces Anás lo envió, atado, a Caifás, el sumo sacerdote.
Pedro niega otra vez a Jesús
Entre tanto, Pedro seguía allí, calentándose junto al fuego. Le preguntaron:
--¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?
Pedro lo negó, diciendo:
--No, no lo soy.
Luego le preguntó uno de los criados del sumo sacerdote, pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja:
--¿No te vi con él en el huerto?
Pedro lo negó otra vez, y en ese mismo instante cantó el gallo.
Jesús ante Pilato
Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Como ya comenzaba a amanecer, los judíos no entraron en el palacio, pues de lo contrario faltarían a las leyes sobre la pureza ritual y entonces no podrían comer la cena de Pascua. Por eso Pilato salió a hablarles. Les dijo:
--¿De qué acusan a este hombre?
--Si no fuera un criminal --le contestaron--, no te lo habríamos entregado.
Pilato les dijo:
--Llévenselo ustedes, y júzguenlo conforme a su propia ley.
Pero las autoridades judías contestaron:
--Los judíos no tenemos el derecho de dar muerte a nadie.
Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir. Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó:
--¿Eres tú el Rey de los judíos?
Jesús le dijo:
--¿Eso lo preguntas tú por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí?
Le contestó Pilato:
--¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes son los que te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Jesús le contestó:
--Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Le preguntó entonces Pilato:
--¿Así que tú eres rey?
Jesús le contestó:
--Tú lo has dicho: soy rey. Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan.
Pilato le dijo:
--¿Y qué es la verdad?
Jesús es sentenciado a muerte
Después de hacer esta pregunta, Pilato salió otra vez a hablar con los judíos, y les dijo:
--Yo no encuentro ningún delito en este hombre. Pero ustedes tienen la costumbre de que yo les suelte un preso durante la fiesta de la Pascua: ¿quieren que les deje libre al Rey de los judíos?
Todos volvieron a gritar:
--¡A ese no! ¡Suelta a Barrabás!
Y Barrabás era un bandido.
Pilato tomó entonces a Jesús y mandó azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, la pusieron en la cabeza de Jesús y lo vistieron con una capa de color rojo oscuro. Luego se acercaron a él, diciendo:
--¡Viva el Rey de los judíos!
Y le pegaban en la cara.
Pilato volvió a salir, y les dijo:
--Miren, aquí lo traigo, para que se den cuenta de que no encuentro en él ningún delito.
Salió, pues, Jesús, con la corona de espinas en la cabeza y vestido con aquella capa de color rojo oscuro. Pilato dijo:
--¡Ahí tienen a este hombre!
Cuando lo vieron los jefes de los sacerdotes y los guardianes del templo, comenzaron a gritar:
--¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
Pilato les dijo:
--Pues llévenselo y crucifíquenlo ustedes, porque yo no encuentro ningún delito en él.
Las autoridades judías le contestaron:
--Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios.
Al oir esto, Pilato tuvo más miedo todavía. Entró de nuevo en el palacio y le preguntó a Jesús:
--¿De dónde eres tú?
Pero Jesús no le contestó nada. Pilato le dijo:
--¿Es que no me vas a contestar? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, lo mismo que para ponerte en libertad?
Entonces Jesús le contestó:
--No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te lo hubiera permitido; por eso, el que me entregó a ti es más culpable de pecado que tú.
Desde aquel momento, Pilato buscaba la manera de dejar libre a Jesús; pero los judíos le gritaron:
--¡Si lo dejas libre, no eres amigo del emperador! ¡Cualquiera que se hace rey, es enemigo del emperador!
Pilato, al oir esto, sacó a Jesús, y luego se sentó en el tribunal, en el lugar que en hebreo se llamaba Gabatá, que quiere decir El Empedrado. Era el día antes de la Pascua, como al mediodía. Pilato dijo a los judíos:
--¡Ahí tienen a su rey!
Pero ellos gritaron:
--¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!
Pilato les preguntó:
--¿Acaso voy a crucificar a su rey?
Y los jefes de los sacerdotes le contestaron:
--¡Nosotros no tenemos más rey que el emperador!
Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.
Jesús es crucificado

Jesús salió llevando su cruz, para ir al llamado "Lugar de la Calavera" (que en hebreo se llama Gólgota). Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, quedando Jesús en el medio. Pilato escribió un letrero que decía: "Jesús de Nazaret, Rey de los judíos", y lo mandó poner sobre la cruz. 20 Muchos judíos leyeron aquel letrero, porque el lugar donde crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad, y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21 Por eso, los jefes de los sacerdotes judíos dijeron a Pilato:
--No escribas: 'Rey de los judíos', sino escribe: 'El que dice ser Rey de los judíos'.
Pero Pilato les contestó:
--Lo que he escrito, escrito lo dejo.
Después que los soldados crucificaron a Jesús, recogieron su ropa y la repartieron en cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también la túnica, pero como era sin costura, tejida de arriba abajo de una sola pieza, los soldados se dijeron unos a otros:
--No la rompamos, sino echémosla a suertes, a ver a quién le toca.
Así se cumplió la Escritura que dice: "Se repartieron entre sí mi ropa, y echaron a suertes mi túnica." Esto fue lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre, y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho,dijo a su madre:
--Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego le dijo al discípulo:
--Ahí tienes a tu madre.
Desde entonces, ese discípulo la recibió en su casa.
Muerte de Jesús
Después de esto, como Jesús sabía que ya todo se había cumplido, y para que se cumpliera la Escritura, dijo:
--Tengo sed.
Había allí un jarro lleno de vino agrio. Empaparon una esponja en el vino, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús bebió el vino agrio, y dijo:
--Todo está cumplido.
Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

La lanzada en el costado de Jesús
Era el día antes de la Pascua, y los judíos no querían que los cuerpos quedaran en las cruces durante el sábado, pues precisamente aquel sábado era muy solemne. Por eso le pidieron a Pilato que ordenara quebrar las piernas a los crucificados y que quitaran de allí los cuerpos. Los soldados fueron entonces y le quebraron las piernas al primero, y también al otro que estaba crucificado junto a Jesús. Pero al acercarse a Jesús, vieron que ya estaba muerto. Por eso no le quebraron las piernas.
Sin embargo, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua. El que cuenta esto es uno que lo vio, y dice la verdad; él sabe que dice la verdad, para que ustedes también crean. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: "No le quebrarán ningún hueso." Y en otra parte, la Escritura dice: "Mirarán al que traspasaron."
Jesús es sepultado
Después de esto, José, el de Arimatea, pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a las autoridades judías. Pilato le dio permiso, y José fue y se llevó el cuerpo. También Nicodemo, el que una noche fue a hablar con Jesús, llegó con unos treinta kilos de un perfume, mezcla de mirra y áloe. Así pues, José y Nicodemo tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según la costumbre que siguen los judíos para enterrar a los muertos. En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no habían puesto a nadie. Allí pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y porque ya iba a empezar el sábado de los judíos.

REFLEXIÓN:




La pasión-muerte-resurrección es el hecho fundacional del cristianismo. Todos los evangelios coinciden en lo fundamental aunque contado de maneras diferentes, según la idea teológica que los caracteriza. Nuestra mirada fundamentalmente no debe estar centrada en qué fue lo que pasó sino en cuál es el sentido de todas esas acciones para nosotros lectores del siglo XXI. Se trata de encontrar el sentido verdadero, el sentido salvífico. Las ideas características de Juan al narrar la pasión son:
1. Jesús sabe perfectamente todo lo que va a ocurrir. Para Juan, Jesús lo sabe todo y lo domina todo. Él conoce perfectamente la historia ya que Él es el sentido de ella.
2. Jesús decide cuando tiene que ocurrir lo que tiene que ocurrir: Él toma la iniciativa; por ejemplo, en el arresto se identifica con el nombre característico del l cuarto evangelio: Yo Soy
3. Jesús se entrega voluntariamente. Nadie le arrebata la vida sino que Él voluntariamente la entrega. Esta entrega de la vida significa la verdadera libertad para los discípulos de Jesús.
4. Jesús, en su pasión, aparece cumpliendo la voluntad del Padre. “Todo se ha cumplido” dice, como era la voluntad del Padre.

Así que, Jesús no ha sido vencido, sino que es triunfador; no lo aprisiona la muerte, lo que parecía dolor y oscuridad se transformó en gloria; lo que muchos pensaban que era el fin, no era sino el comienzo de una nueva etapa de la historia de la salvación. La cruz dejó de ser un instrumento de tortura, para convertirse en el trono de gloria del nuevo rey y la corona de espinas que ciñó su cabeza es ahora una diadema de honor.
Al morir Jesús dio un nuevo sentido a la muerte, a la vida, al dolor. La pregunta desesperada del hombre sobre la muerte encontró una respuesta. Pero ese cambio debe manifestarse en nuestra existencia porque él no aceptó su muerte con la resignación de quien se somete a un destino ineludible, sino como quien acepta una misión de Dios. Por eso su muerte condena la injusticia, pero nos pide hacer algo contra esta misma injusticia, contra la explotación de los oprimidos, nos pide mejorar su situación; la muerte de Jesús no solo es un rechazo del abandono de las muchedumbres, sino que nos exige que nos acerquemos al pobre y desvalido, que cumplamos la misión y seamos respuesta para quienes verdaderamente nos necesitan.



ORACIÓN



Amado Señor, aquí estamos contemplándote, recordando, renonociendo y dándote gracias, por tu sacrificio de entrega, por nuestros pecados en la cruz, por tu sacrificio de amor por nosotros, por tu obediencia al Padre y a su voluntad. Queremos ser fieles a tu misión así como tu lo hiciste, en el lugar donde que nos coloques, hoy te aceptamos como Señor de nuestra vida, y al hacerlo te pedimos nos hagas herederos de tu salvación. Amén.