“LA ENVIDIA DUELE Y HACE DAÑO”
Hace algún tiempo leí en un
diario prestigiosos de este país una columna de uno de mis escritores
preferidos, el bogotano Mario Mendoza, titulada: “La Envidia”. El autor contaba
una historia de un pescador que tenía un balde lleno de langostas vivas en un
rincón del puerto. “Un extranjero se acercó y le advirtió que uno de los
animales estaba a punto de salirse del balde. El pescador, sin levantar
siquiera la mirada y continuando con su labor de doblar las redes, le dijo: “No
hay problema amigo, no pasa nada”. “¡Pero se le puede escapar!!”, replico el
extranjero, sin entender la situación. Entonces el pescador le sonrió y explico
con la sonrisa en los labios: “Míster, son langostas colombianas. Si una de
ellas quiere salir del balde y está ya al borde, las otras se encargan de
regresarla al fondo”. El artículo terminaba diciendo: “Por eso dicen que un
colombiano es más inteligente que un extranjero, pero que dos extranjeros son
más inteligentes que dos colombianos. ¿Y por qué?, sencillo, porque dos
colombianos juntos, en lugar de hacer equipo, se dedicarán a pelear entre sí y
a tratar que el otro no haga nada hasta que ambos terminen enterrados, como
langostas en el fondo de un balde”. Este ejemplo, aplicado a los(as) colombianos(as),
podría servir también para explicar lo que sucede entre las personas que buscan
sobresalir, triunfar hundiendo a los que tienen a su lado. Hace unas dos
semanas la liturgia dominical trataba sobre ese tema. La envidia y desconfianza
que tenían muchos acerca de Jesús, su misma familia querían llevárselo lejos
porque creían que se había vuelto locos. Por otro lado, los maestros de la ley
por envidia, decían que estaba poseído por Belzebú, el jefe de los demonios.
La envidia de las personas
impide que el que quiere y está trabajando por hacer el bien pueda continuar
con su labor a favor de los demás. Es muy frecuente que las personas más
cercanas se sientan celosas, envidiosas, desplazadas o relegadas ante el éxito
de uno de los miembros de la familia o de la comunidad. No nos gusta muchas
veces ver que el otro u otra es feliz. Haremos todo lo que este de nuestra
parte para evitar que algún vecino progrese, triunfe o tenga éxito. El Señor
Jesús es tan severo en estos casos de envidia, que afirma: “Les aseguro que
Dios dará su perdón por todos los pecados, por todo lo malo que hagan y digan;
pero al que ofenda con sus palabras al Espíritu Santo, nunca se le perdonará,
sino que será culpable para siempre. Esto se refiere a los que sincera y
honestamente progresan, mejoran y avanzan y los demás los calumnian y los
declaran sospechosos, que sin son felices es porque tienen el espíritu del mal.
Tendríamos que hacernos quizá
la pregunta para este mes, si nosotros(as) de alguna manera estamos rechazando
y negando la presencia y la acción de Dios en aquellos que a nuestro alrededor
están teniendo éxito sanamente en la vida. Tenemos que pensar si nuestra
actitud es la de las langostas colombianas que se encargan de regresar al fondo
del balde a la que quiera sobresalir y alcanzar la libertad.
Recordemos:
“NO A LA ENVIDIA Y SI ALEGRARSE POR LOS TRIUNFOS DEL
PRÓJIMO”.
Dios les Bendiga,
Roberto Zamudio
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