domingo, 1 de enero de 2012

Jueves 5 de enero de 2012

“TÚ, HOY SÍGUEME”


PRIMERA LECTURA

1ª JUAN 3,11-21



"HEMOS PASADO DE LA MUERTE A LA VIDA, PORQUE AMAMOS A LOS HERMANOS”


Queridos hermanos: Éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

Pero si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios.

REFLEXIÓN
Continuamos esa lectura que habíamos emprendido en la Octava de Navidad, prolongando lo que se dijo allá en el principio.

Porque en el fondo toda esta Primera Carta es como una especie de comentario teológico al misterio de Jesús hecho hombre ( La Encarnación), todo en ella está diciendo que "la Palabra se manifestó, que nosotros hemos visto y tocado y escuchado y que ahora damos testimonio para que estéis en plena comunión con nosotros y para que rompáis todo vínculo de incredulidad y de pecado" 1 Juan, 1,3.

Las lecturas del día de hoy tienen, por decirlo así, tema diverso. En la parte que hemos escuchado de la Primera Carta de Juan, se nos invita a manifestar con nuestro hermano, con nuestro prójimo, aquel amor que nosotros hemos recibido de Dios.

No tenemos ninguna prueba definitiva sobre que amamos a Dios, si no es el amor del prójimo; la única prueba decisiva que tenemos de que amamos a Dios, es que producimos vida, protegemos la vida y propiciamos vida en el prójimo.

SALMO RESPONSORIAL: 99
R./ Aclama al Señor, tierra entera.

Aclama al Señor, tierra entera, /
servid al Señor con alegría, /
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R.

"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades." R.


LECTURA DEL EVANGELIO
JUAN 1,43-51


“TÚ ERES EL HIJO DE DIOS, EL REY DE ISRAEL”


En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: "Sígueme." Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: "Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret." Natanael le replicó: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le contestó: "Ven y verás."

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño." Natanael le contesta: "¿De qué me conoces?" Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi." Natanael respondió: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel." Jesús le contestó: "¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores." Y le añadió: "Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."

REFLEXIÓN:
La vida cristiana intenta superar las vivencias inmediatas para experimentar en profundidad la ‘esperanza’. Nuestras expectativas nos llevan a buscar algo ‘más allá’, que nos ayude a colocar en perspectiva los conflictos del ‘más acá’. Los primeros cristianos comprendieron la misión de Jesús por las esperanzas que en ellos habían sembrado la Ley y los Profetas. Tanto nosotros como ellos descubrimos a Jesús gracias a nuestras propias esperanzas. Son nuestras búsquedas, expectativas, utopías y anhelos, los que nos permiten trascender el estrecho marco de la vida cotidiana y nos hacen descubrir que es Dios mismo quien nos sale al encuentro en la persona de Jesús. Dios no anula nuestras búsquedas, pero sí las coloca “en la perspectiva” de un más allá que trasciende la inmediatez del presente y nos abre a un futuro de una humanidad reconciliada en el ‘cordero’. Hay personas, como Jesús, que renuncian a toda violencia y ponen su vida al servicio de una causa mayor: ‘la vida en abundancia’ (Juan 10, 10). Como Natanael podemos preguntarle a Jesús: ¿de qué me conoces? Y él seguramente nos responderá que nos ve cada día bajo la higuera de nuestras contrariedades, ansiedades y búsquedas. Igual que a Natanael, nos invita a “ver cosas todavía mayores”.

ORACIÓN.
Padre, Dios de amor; levántame en este nuevo día. Dale vida a mi vida, enséñame a amar como tu. Que mis obras en este día sean agradables a ti, quiero hoy responder a tu llamado siguiéndote plenamente con todo lo que soy, tengo y puedo, has que en este nuevo día que yo pueda ver tu rostro en mis hermanos, y ellos te puedan encontrar a través mío. Amén.

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