viernes, 1 de mayo de 2026

Jueves 28 de Mayo de 2026

 

 

 JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

 

 

“JESÚS TESTIMONIO DEL SIGNIFICADO DEL SER UNGIDO”

 

PRIMERA LECTURA

ISAÍAS 52,13-53,12

 

“Él fue traspasado por nuestros crímenes”

 

He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, será puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre; pero muchos pueblos se llenaron de asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca se habían imaginado. ¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados. Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

 

Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios.

 

REFLEXIÓN

Celebramos Hoy la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. En esta primera lectura el profeta Isaías nos habla del siervo (servidor) que, a pesar de su inocencia, es condenado a muerte, pero al fin, obtiene la glorificación (triunfo) después de su gran humillación, pues ha sido dócil y fiel a Dios. Aunque en este relato su aspecto es el de un fracasado, reyes y pueblos lo admirarán después de su exaltación. Algo inaudito difícil de creer, ha ocurrido en la historia de la salvación. El siervo que para nosotros ya es Jesucristo, ha cargado sobre si los pecados y dolencias de todos, por lo cual su sufrimiento nos salva (sana), sus cicatrices nos curan. Jesús sufre, pero nosotros somos los pecadores. Un juicio y una condena injusta lo llevan a la tumba pero se le reconoce inocente después de su muerte. Su muerte no ha sido en vano ni inútil; el fracaso lo ha conducido al éxito, la muerte no es el punto final, sino que el siervo vive y conduce a la vida a todos aquellos que crean en Él y en su Palabra.   

 

SALMO RESPONSORIAL 39

R. / "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad."

 

¡Cuántas maravillas has hecho, Señor Dios mío!

¡Cuántos proyectos para nosotros!

¡No hay nadie como tú!

Yo quisiera contarlos, publicarlos,

pero son innumerables. R.

 

He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea;

tú sabes, Señor, que no me he callado.

No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón,

proclamé tu lealtad y tu salvación, no

oculté tu amor en la gran asamblea. R.

 

OREMOS CON EL SALMO

Este salmo  en la  primera parte es un canto de alabanza a Dios por haber experimentado su ayuda, lo que obliga al ser humano a proclamar lo que Dios ha hecho con él. La segunda parte es la petición de ayuda de un justo perseguido. 

 

SEGUNDA LECTURA

HEBREOS 2,  10-18

 

“Teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero”

Hermanos: Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados. Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. En efecto, después de decir: "Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -dice el Señor-: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente"; añade: "Y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus crímenes." Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Teniendo entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa. Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

Cristo, Hijo de la misma naturaleza del Padre, es constituido sacerdote de la Nueva Alianza según el orden de Melquisedec: él también es, pues, llamado al sacerdocio. Es el Padre quién "llama" a su Hijo, engendrado por El con un acto de amor eterno, para que "entre en el mundo" y se haga hombre. El quiere que su Hijo unigénito, encarnándose, sea "sacerdote para siempre": el único sacerdote de la Nueva y eterna Alianza. En la vocación del Hijo al sacerdocio se expresa la profundidad del misterio trinitario. En efecto, sólo el Hijo, el Verbo del Padre, en el cual y por medio del cual todo ha sido creado, puede ofrecer incesantemente la creación como sacrificio al Padre, confirmando que todo lo creado proviene del Padre y que debe hacerse una ofrenda de alabanza al Creador. Así pues, el misterio del sacerdocio encuentra su inicio en la Trinidad y es al mismo tiempo consecuencia de la Encarnación. Haciéndose hombre, el Hijo unigénito y eterno del Padre nace de una mujer, entra en el orden de la creación y se hace así sacerdote, único y eterno sacerdote.

El autor de la Carta a los Hebreos subraya que el sacerdocio de Cristo está vinculado al sacrificio de la Cruz: "Presentóse Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. Y penetró en el santuario una vez para siempre, ...con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna".  El sacerdocio de Cristo está fundamentado en la obra de la redención. Cristo es el sacerdote de su propio sacrificio: "Por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios" El sacerdocio de la Nueva Alianza, al cual estamos llamados en la Iglesia, es, pues, la participación en este singular sacerdocio de Cristo.

 

 

LECTURA DEL EVANGELIO

LUCAS 22,14-20

 

"Hagan esto en memoria mía"

 

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos. Y les dijo:«¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir! Porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios». Tomó entonces un cáliz, dio gracias y dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes; pues les digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios». Después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía». Y después de la cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo: «Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes».  Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

La comunidad de Lucas nos presenta en el evangelio un acontecimiento de importancia capital, dentro del relato de la pasión de Jesús, que nos permite entender mejor el “servicio” (sacerdocio) de Cristo: La institución de la Eucaristía. En la casa-mesa (comunidad), lugar por excelencia del alimento y de la enseñanza o escuela discipular de Jesús; el pan y el vino adquieren una realidad y un nuevo significado a partir de sus palabras, allí comienza la Pascua. La crisis que traerá la pasión de Jesús a los discípulos esta cerca, pero Él les ofrece un alimento de poder que los mantendrá fuertes. En el gesto eucarístico, Jesús le revela a sus discípulos el significado interior de su muerte: el pan es ahora “su cuerpo”, el mismo, que se entrega por ellos, por su bien, el cáliz es ahora, “su sangre”, que sella la “Nueva Alianza”, como lo había prometido a Abraham y como lo había anunciado a través del profeta Jeremías 31,31-34, y que se derrama por el bien de todos aquellos que Él ama. Hay aquí una clara referencia a la Alianza de Dios con Israel a través del ritual llevado a cabo por Moisés. También allí, Jesús entrega a sus discípulos la responsabilidad de hacerlo presente, vivo y real en medio de la comunidad: “Hagan esto en conmemoración mía”. Deben hacer la conexión entre la persona de Jesús y todas las comunidades que irán siendo llamadas por Él a lo largo del tiempo pascual, el tiempo de Pentecostés y la misión de la Iglesia. El Sacerdocio de Jesús continua presente en medio de su comunidad de mujeres y hombres, que siguen donando su vida en servicio, generoso y desinteresado especialmente a los más necesitados.

 

ORACIÓN 

Gracias Señor, porque nos llevas a comprender lo que significa ser una persona que lleva una  vida guiada por Dios, que escudriña las escrituras, comprende, cree y refleja lo que allí se revela, desde la comunión permanente y juiciosa contigo. Estamos llamados(as) a ser sacerdotes y sacerdotisas, ayúdanos Señor  para que así logremos desarrollar tu proyecto. Recordamos a Susana Yotragri que se encuentra celebrando desde la eternidad su cumpleaños  y gozando de la presencia de Señor. Amén. 

 

“Toda persona humana está llamada a ser dignificada en el Espíritu Santo de Dios, para ser fiel al Evangelio, a la misión apostólica y  a estar en la mesa con Jesús, dando testimonio de su fe”.

 

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