miércoles, 1 de julio de 2026

Sábado 04 de Julio de 2026

 

 

“DIOS ACTÚA RENOVÁNDOLO TODO”

 

PRIMERA LECTURA
AMÓS 9, 11-15

 

“Haré volver los cautivos de Israel y los plantaré en su campo”

 

Así dice el Señor: "Aquel día, levantaré la tienda caída de David, taparé sus brechas, levantaré sus ruinas como en otros tiempos. Para que posean las primicias de Edom, y de todas las naciones, donde se invocó mi nombre. -Oráculo del Señor-.

Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que el que ara sigue de cerca al segador; el que pisa las uvas, al sembrador; los montes manarán vino, y fluirán los collados. Haré volver los cautivos de Israel, edificarán ciudades destruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán de su vino, cultivarán huertos y comerán de sus frutos. Los plantaré en su campo, y no serán arrancados del campo que yo les di, dice el Señor, tu Dios."  Palabra de Dios.

 

REFLEXIÓN

Amós tiene una bien ganada fama de profeta duro. Sus protestas en contra de la injusticia, en contra del culto ritualista, vacío de corazón, y en contra de las pretensiones autoritarias del rey y del sacerdote, sus denuncias,  son suficientemente claras y drásticas como para que se viera en él un hombre revestido de toda la fortaleza de Dios.

Lo que hemos escuchado en este día es el final del libro de Amós. Y es importante ver que con la misma fuerza que se tiene para denunciar, se tiene para dar esperanza. Ahí, pues, tenemos una primera enseñanza para nosotros. El que tenga tanto coraje para decir los males, que tenga también inteligencia para encontrar soluciones.

Desde ese primer capítulo hasta el capítulo octavo, es Dios diciendo, con vigor cortante y drástico, su parecer sobre el mundo; es Dios contando lo que ve, denunciando lo que ve: la injusticia.

Pues todo ese vigor de ocho capítulos, apenas nos deja el final de este capítulo noveno para contar la esperanza. Si Dios nos ayuda, intentemos percibir cuál es la esperanza que anuncia. Amós era un campesino, un campesino cultivador de sicómoros,  y todas sus comparaciones son así, del campo. Si nosotros tomamos las comparaciones que nos ofrece en este capítulo, tienen algo en   común entre todas ellas, algo que podríamos resumir así: el esfuerzo humano alcanzará su fruto. Es muy interesante ver que lo que tiene en común todas estas imágenes del tiempo de la restauración en Amós, es eso, el esfuerzo humano no se va a perder, la cosecha dará su fruto.

 

SALMO RESPONSORIAL: 84

R/ Dios anuncia la paz a su pueblo.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

"Dios anuncia la paz

a su pueblo y a sus amigos

y a los que se convierten de corazón." R.

 

La misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo. R.

 

El Señor nos dará la lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,

la salvación seguirá sus pasos. R.

 

OREMOS CON EL SALMO

La experiencia del poder salvador de Dios en la historia de Israel, permite al salmista pedir a Dios que continúe y lleve a término esa acción salvadora. Su acción garantiza al pueblo la paz y la libertad. Esa experiencia se planifica en el acto salvador por excelencia realizado por Dios en la muerte y resurrección de Jesús. La justicia liberadora de Dios ofrece la paz a toda la humanidad.

 

LECTURA DEL EVANGELIO
MATEO 9, 14-17

 

“¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos?”

 

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?"

Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan." Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

Tal parece que los discípulos de Juan el Bautista están anclados en una visión retrasada del proyecto de Dios en la historia. No se han actualizado. La alegría del Reino ya se deja sentir y la gente sencilla del pueblo de Jesús lo está celebrando en las sanaciones que han presenciado, en el seguimiento que algunos pescadores y otras personas han hecho del Maestro. Al Reino de ahora en adelante se accede por la fidelidad a Dios y el amor al pobre, no por penitencia y ritos vacíos. La complicidad entre el vino y los odres es la misma entre Jesús y su pueblo, para que el nuevo proyecto se conserve hay que participar de la fiesta, hay que alegrarse con el novio, vivir la alegría del evangelio, como decía constantemente el Papa Francisco. Al reino de Dios sólo se entra con un corazón nuevo. ¿Mi alegría por el reino contagia como el vino?, ¿Soy signo de la alegría en mi familia, en mi trabajo, en mi comunidad de fe?

 

ORACIÓN

Gracias Señor, porque nos llamas a permanecer contigo para ser personas renovadas, nuevas y que transmitimos la certeza de que Dios ha venido a nuestra condición humana y nos ha permitido entender el verdadero proyecto de liberación desde el amor.  Ayúdanos a ser el vino nuevo que atrae a otros y otras hacia ti. Amén.

 

 

"Hoy soy mejor que ayer y mañana seré mejor que hoy. Este es mi compromiso, porque Dios me hace marchar siempre hacia adelante”

 

Domingo 05 de Julio de 2026

 

 

“DEBEMOS APRENDER A APRENDER  DE JESÚS”

 

PRIMERA LECTURA

ZACARÍAS 9,9-10

 

“Mira a tu rey que viene a ti modesto”

 

Así dice el Señor: "Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra." Palabra de Dios.

 

REFLEXIÓN

La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas, administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Judá. El pueblo quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos añorados de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume esta propuesta y la lanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.

 

Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la justicia y su carácter pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad, no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin embargo, Israel se estrelló con la ambición de algunos grupos minoritarios y poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora. Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencias posibles y se le negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista, solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, los pobres de Yahvé no tuvieron la posibilidad de dar vida a su proyecto por falta de posibilidades económicas, de apertura política y de libertad religiosa.

 

SALMO RESPONSORIAL: 144

R. / Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

 

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;

bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré

y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

 

El Señor es clemente y misericordioso,

lento a la cólera y rico en piedad;

el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas. R.

 

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,

que te bendigan tus fieles;

que proclamen la gloria de tu reinado,

que hablen de tus hazañas. R.

 

El Señor es fiel a sus palabras,

bondadoso en todas sus acciones.

El Señor sostiene a los que van a caer,

endereza a los que ya se doblan. R.

 

OREMOS CON EL SALMO

Este Salmo celebra las grandes obras del Señor, que lo manifiestan como Rey justo y poderoso, a la vez bondadoso y lleno de misericordia hacia todas sus criaturas. El simbolismo que describe al señor como Rey será central también en la predicación de Cristo, es la expresión del proyecto salvador de Dios, el cual no es indiferente ante la historia humana; al contrario, con respecto a ella tiene el deseo de realizar con nosotros y por nosotros un proyecto de armonía y paz.

 

SEGUNDA LECTURA

ROMANOS 8,9.11-13

 

“Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis”

 

Hermanos: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

En esta segunda lectura Pablo exhorta a la comunidad de Roma a vivir según el Espíritu de Dios, que es el mismo Espíritu de Cristo, que si no habita en los corazones de cada miembro de la comunidad no tendremos nada  que ver con Jesús y su proyecto de amor. Vivir sin el Espíritu del resucitado es dar lugar a aquellos impulsos y actitudes emocionalitas que nos hacen menos personas, menos seres humanos y más vulnerables a todo aquello que va contra la voluntad y el querer de Dios.

Habla de dar muerte con el Espíritu a las “prácticas del cuerpo”, es decir las obras que no benefician nuestras relación con nosotros mismos, con Dios y con los demás, que nos pueden hacer caer en pérdida de valores, como la vida, el orden y el amor, que solo satisfacen egoístamente las emociones y sensaciones del cuerpo, de la humanidad y no del Espíritu para un mejor modo de existencia. El Espíritu de Cristo nos fortalece en la comunión con Dios, con Jesucristo y con la comunidad eclesial, para así tener una vida más organizada y justa que es la que propone el Señor en su Reino. 

 

LECTURA DEL EVANGELIO

MATEO 11,25-30

 

“Soy manso y humilde de corazón”

 

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera." Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, apasionado por hacer realidad la Utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay en él el más mínimo asomo del militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las pretensiones del imperio romano, ni del sacerdote excelso que con sus extraordinarias dotes santificadoras transformaría el Santuario de Jerusalén, ni del gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos, la violencia incontenible.

 

Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, valores como el pacifismo y la humildad eran urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.

 

Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él, era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir la alternativa, a demostrar al mundo que «otras maneras de organización eran posibles», que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas. Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga  y el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedir a cualquiera que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que la ‘ley del revólver’ es un destino inexorable. No podemos pedir mansedumbre a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para ‘progresar’ en la vida.

 

Jesús quiere una comunidad en la que los lazos de solidaridad, afecto y respeto hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del Reino. Una comunidad en la que los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones humanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir la vida en plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad.

 

ORACIÓN

Señor, nos cuesta ser constructores de paz, presentarnos mansos y humildes. Llénanos de tu     Espíritu para hacer frente a una sociedad violenta, y llevar por doquier tu Palabra generadora de paz. Ayúdanos a buscar los medios que capaciten a la sociedad para deponer las armas, buscar la paz que sólo Dios puede dar y llevar una vida según tu voluntad, que es: el amor que produce justicia social. Amén.

 

“Los fracasos, frustraciones y barreras son providencias compasivas de Dios, haciendo que nuestro orgullo baje y preparándonos para un encuentro de amor y misericordia con Él”

Lunes 06 de Julio de 2026

 

 

“DIOS, ES FIEL HASTA EL EXTREMO”

 

PRIMERA LECTURA

OSEAS 2, 16. 17B-18. 21-22

 

“Me casaré contigo en matrimonio perpetuo”

 

Así dice el Señor: "Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto. Aquel día -oráculo del Señor-, me llamará Esposo mío, no me llamará ídolo mío. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo, me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión, me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor." Palabra de Dios.

 

REFLEXIÓN

Oseas tiene, en cuanto profeta, una palabra que decir. Más no será una palabra externa o simplemente aprendida: su propia vida es la referencia y el lenguaje de su profecía. Oseas fue un hombre que se casó con una mujer infiel, probablemente una mujer dedicada a la prostitución. Y este matrimonio que indudablemente fue infeliz y que estuvo marcado por el dolor, la traición, la infidelidad, se convirtió en un mensaje.  Oseas, por consiguiente, sabe de qué habla cuando compara a Dios con el Esposo y al pueblo con la Esposa: él conoce qué es padecer un amor defraudado.

 

En ese contexto escuchamos la primera lectura de hoy. Este Esposo, que es Dios, quiere recuperar a su Amada. Está dispuesto a perdonarla y a despertar en ella un amor renovado que deje atrás los tiempos del amor defraudado. ¿Cómo lograrlo? Dios toma el lugar de un novio o de un esposo mil veces traicionado, airado, indignado, dolido, pero que más allá de lo que pueden los esposos humanos, tiene la capacidad, tiene la fuerza para volver fiel a su prometida o a su esposa. Sin embargo, la capacidad para reconquistar ese amor se llama “el desierto”. Hay una evocación que viene del pasado en el desierto, donde el pueblo dependía sólo de Dios y no había espacio para ídolos ni para infidelidades. El desierto será entonces el lugar apropiado para recuperar el amor primero.

 

A lo largo de los siglos la Iglesia ha comprobado la gracia particular que tiene el desierto, ya hablamos de Egipto, en la cuaresma, que despierta tantas conversiones, es como un acompañar a Jesús en su desierto y purificar y renovar la fe.

El Señor nos quiere  "Hablar al corazón", pero es necesario llevarnos a desiertos, en este tiempo posiblemente a cuarentenas y tiempos de crisis, pidámosle a Dios, que seamos dóciles a Él, fieles a su amor  y misericordia.

 

SALMO RESPONSORIAL: 144

R. / El Señor es clemente y misericordioso.

 

Día tras día, te bendeciré

y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,

es incalculable su grandeza. R.

 

Una generación pondera tus obras a la otra,

y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,

y yo repito tus maravillas. R.

 

Encarecen ellos tus temibles proezas,

y yo narro tus grandes acciones;

difunden la memoria de tu inmensa bondad,

y aclaman tus victorias. R.

 

El Señor es clemente y misericordioso,

lento a la cólera y rico en piedad;

el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas. R.

 

OREMOS CON EL SALMO

 

Esta parte del salmo dirige la alabanza orante del salmista, que se hace portavoz de todos los fieles y hoy el portavoz de todos nosotros. En efecto, la oración bíblica más elevada es la celebración de las obras de salvación que revelan el amor del Señor con respecto a sus criaturas. En este salmo se sigue exaltando «el nombre divino”, es decir, su persona, que se manifiesta en su actuación histórica: en concreto se habla de «obras», «hazañas», «maravillas», «fuerza», «grandeza», «justicia», «paciencia», «misericordia», «gracia», «bondad» y «ternura».

 

 

LECTURA DEL EVANGELIO

MATEO 9, 18-26

 

“Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, y vivirá”

 

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: "Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá". Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que, con sólo tocarle el manto, se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: "¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer.

 

Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: "¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida". Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por aquella comarca. Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

El evangelista Mateo destaca las actitudes de confianza ante la acción de Jesús. La profunda confianza de Jesús con su Padre lo llevó a enfrentar con lucidez la muerte. Es en el corazón donde surge la confianza. En el Antiguo Testamento, el desposorio entre Dios e Israel está sellado por la confianza mutua. Dios lleva a su pueblo a una experiencia amorosa, hablándole al corazón, como dice Oseas. El amor no sólo es caricia, es también una fuerza sanadora, como manifiesta Jesús en el texto evangélico, colaborando para que dos mujeres recuperen su salud. Este relato resalta la importancia del contacto con Jesús, especialmente del "jefe" y de la mujer enferma. Ellos descubren que en Jesús está la vida. Tener un contacto personal, confiar en él, es fundamental en la vida de un creyente, de una comunidad discipular.

En el texto se evidencian también como quedan enfrentados un pequeño grupo de seguidores y creyentes en Jesús frente a un grupo considerable de descreídos, que incluso se burlan de él sin conocerlo.  Hoy podemos verificar una realidad semejante. Una gran parte de personas asisten a las funciones religiosas como parte del protocolo social y, tal vez, motivados por el aspecto estético de las ceremonias y los templos. Al mismo tiempo un reducido reducto de creyentes busca la enseñanza de Jesús y sus signos maravillosos, haciendo caso omiso de las burlas y la incredulidad. La fe es el camino difícil que busca la puerta estrecha.

 

ORACIÓN

Señor ayúdanos a ser conscientes de que tus acciones son capaces de devolver la vida, el ánimo y la fe. Sí Señor, despierta nuestros corazones, tal vez, adoloridos, frustrados y enfermos, que necesitan de tu acción, porque eres un Dios que siempre está atento a nuestras debilidades para rescatarnos y liberarnos. Amén.

 

“Dios siempre tiene la solución, incluso cuando parece que nada ni nadie puede ayudarnos”