Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús
“VER
Y OÍR EN EL CORAZÓN DE CRISTO”
PRIMERA LECTURA
DEUTERONOMIO 7,6-11
“El Señor se enamoró de vosotros y os
eligió”
En aquellos días, Moisés habló al
pueblo, diciendo: "Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te
eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su
propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser
vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino
que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a
vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la
esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu
Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo
aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a
quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo
aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos
que te mando hoy." Palabra de Dios.
REFLEXIÓN
Celebrando hoy la solemnidad del
Sagrado Corazón de Jesús, que en su plenitud es la celebración o expresión del
amor entregado por Dios y revelado en Cristo y manifestado sobre todo desde su
pasión, muerte y resurrección, en la primera lectura el libro del Deuteronomio
ilustra teológicamente la conciencia de que Israel se sabe distinto a las demás
naciones, es un pueblo llamado y escogido. Dios lo ha separado de los demás y
lo ha hecho su propiedad personal. Para tan alta distinción, Israel no tiene
méritos, solo puede presentar el gran amor que Yahvé le profesa. La
elección divina es por pura gracia de Dios, amor gratuito, incondicional y fiel
hecho por Dios a sus antepasados y hoy a nosotros.
La experiencia religiosa y de fe de
Israel, el amor de Yahvé en el Sinaí, se convierte en toda una teología. Ese
amor a su pueblo no es caprichoso, brota de una voluntad decidida de entrega
compasiva al pueblo, pero exige una correspondencia; Dios desea que su pueblo
le responda con madurez, con el amor que supera las dificultades. Ahora bien,
este llamado y elección no se interpreta simplemente como un privilegio, sino
también como una gran misión ante todas las naciones y una obligación o mejor
respuesta desde la fe a ese amor de Dios.
SALMO RESPONSORIAL: 102
R./ La misericordia del Señor dura
siempre, para los que cumplen sus mandatos.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
Él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros
pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.
OREMOS CON EL SALMO
Este Salmo es un canto de alabanza a
Dios por la bondad que ha tenido con el pueblo y con el salmista en particular.
En medio de la fragilidad del ser humano se revela la grandeza del amor de
Dios. Al asumir el hijo de Dios nuestra propia fragilidad, nos permite
participar con él de la misma herencia y nos revela la inmensidad del amor de
Dios.
SEGUNDA LECTURA
1 JUAN 4,7-16
“Dios nos amó”
Queridos hermanos, amémonos unos a
otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce
a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se
manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo
único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo
como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta
manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto
nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha
llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y
él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y
damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en
Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en
él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
Ahora bien, el texto de la primera
carta de la comunidad de Juan es una exquisita y maravillosa composición en su
redacción y profundidad teológica. Nunca se ha dicho algo tan penetrante, tan
hondo y medular sobre la vida de fe de la comunidad cristiana al hablar del
mandamiento único, nuevo y decisivo, que resume todos los mandamientos y cuyo
contenido es la fe en Jesucristo y el amor fraterno y solidario entre los
miembros de la comunidad. El amor es objeto de la revelación y de la fe.
Teniendo presente la situación de la pequeña comunidad cristina, el autor
aborda el tema del amor hecho servicio desde la fraternidad. El amor que debe
ser el fundamento del discípulo(a) y su distintivo, procede de Dios como fuente
de vida y no debe confundirse con el imperfecto amor humano en el mundo. El que
ama como Dios es verdaderamente el que es Hijo. El conocimiento de Dios es
inseparable del amor que viene de Dios, porque Dios es amor. Dios había dado
antes pruebas de su amor, pero solo en Jesucristo nos da la prueba plena y
definitiva. Ahora conocemos que el amor no es una propiedad más entre otras
propiedades divinas, sino que es la misma esencia de Dios. La respuesta a ese
gran amor del Padre Dios ha de ser el amor mutuo, fraterno y solidario; por lo
tanto solo cabe recibirlo, experimentarlo, acogerlo y compartirlo en toda su
sobre abundancia.
LECTURA DEL EVANGELIO
MATEO 11,25-30
“Soy manso y humilde de corazón”
En aquel tiempo, exclamó Jesús:
"Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente
sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi
Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el
Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis
cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí,
que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi
yugo es llevadero y mi carga ligera." Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
La mansedumbre y la humildad son dos
virtudes esenciales de la vida cristiana. La alabanza de Jesús al Padre es
extraordinariamente maravillosa, aunque representa una inversión de valores en
la sociedad de su tiempo, y hasta un escándalo. La sabiduría de los títulos y
los pergaminos es despachada hacia la nada, mientras que la sabiduría que viene
de Dios es puesta en el corazón y en la vida de las personas más humildes,
sencillas y excluidas. Jesús se maravilla por esta decisión de su Padre, que
obra la gracia de conocerlo por medio de su Hijo. Conocer a Jesús es un don
gratuito que nos llega del amor del Padre y no un mérito nuestro. Así, pues,
llegamos a conocer a Dios a través de la revelación de Jesucristo, que se
encarnó en nuestra historia y que nos reveló el rostro humano y divino de Dios.
También el evangelio nos revela el amor
de Jesús a quienes sobrellevaban pesadas cargas en la vida. Muchas personas
sufrían bajo el yugo del Imperio romano y de las autoridades religiosas de
Jerusalén. Por ello, ayer como hoy, encontraremos el consuelo y la fortaleza si
caminamos en su amor y en su Espíritu.
ORACIÓN
Quien como tú, Jesús, nos enseñas a
guardar lo que Dios establece para tener una vida en paz, armoniosa y justa.
Gracias por ponerte en nuestro lugar, con tan gran mansedumbre y humildad, para
que lográramos volver hacia nuestro Creador, Padre y Madre de todo lo que
existe. Gracias por hacerte nuestro refugio en los cansancios y dificultades de
nuestra vida. Amén.
“Actuemos con los demás con
docilidad, sencillez y pequeñez buscando su verdadero bien”
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